domingo, 29 de diciembre de 2013

"Genéstica" de Antonio Geovanni Sánchez Burgos - Paolo Astorga



Genéstica
Antonio Geovanni Sánchez Burgos
Edición de autor


Genéstica del poeta puertoriqueño Antonio Geovanni Sánchez Burgos (Puerto Rico, 1973), nos entrega un libro de poemas donde el tema capital es el deseo del hombre frente a su existir, esa voluntad de la que tanto habló Arthur Schopenhauer, se traduce en un inminente deseo por vivir. La genéstica es la posibilidad de trascender a partir de la constitución de la mezcla entre lo natural y lo artificial. Se nos muestra como la manipulación de la vida para sondear nuevos límites y nuevas adversidades. No obstante el poemario hace primar un fin originario: el placer de lo sensual como discurso dador de vida y sobre este discurso, todo se plasma en el cuerpo como receptor de dicho placer y deseo. Veamos el siguiente fragmento de “Letanías de la contracepción”:

Tómame.
Disuelve mis creencias en tu paladar.
Sumérgeme en los pantanales de tu génesis
Ahoga mi vida entre tus pasos.
Inunda mi garganta con el zumo de tus deseos.

Ya no quiero respirar.

Necesito:
flotar sobre tu aliento,
hacerme mi morada,
despojarme de mi mortalidad.
Recíbeme sobre tus altares moleculares.
Aprisióname en tus arcas celestes.
Muéstrame tus divinidades.
Solo soy un esclavo del deseo
un transeúnte de multiderroteros.
Hoy quiero anclar en tu vida.

Quita tus harapos
para que te veas en mis espejos,
te mostraré las letras escritas en mí.
Sobre mis genes verás quién eres.
Correré el velo que cubre
mis códigos secretos.
Leerás las cicatrices bajo mis pies.

Y te sabrás mi destino.

Aunque el poema nos transporta al anhelo de posesión, nos encontramos ante la posibilidad de satisfacción que nos resulta instintiva y en un aspecto más profundo harto problemática. Este poema nos plantea un acercamiento desde la contemplación que se traduce en esperanza. El poeta desea y contempla, vive y disfruta su salmo apasionado, su acercamiento sensible con el objeto amado.

La palabra clave que puebla todo el poemario es ENTREGARSE y luego hacer que ese otro amado nos posea para así lograr poseerlo también como lo veremos en el poema “costurera” donde el sujeto poético intenta siempre la unión como reconstrucción, una fusión de cuerpos en la obsesión agónica del instante, el poeta se abandona ante el poder creador de lo deseado:

Déjame sentir tus manos
cosiendo mis heridas.
Quiero sentir tus hilos atravesando mi ser
(hilvanados de caricias)
remendando los pedazos rotos de mi vida.

(…)

Costurera de vidas;
destrúyeme
vuelve a unirme,
pedazo a pedazo.
Recoge los fragmentos de tus letras.
Tíñeme
con tus dulces fluidos.
Púleme
con el calor de tu aliento.

(…)

Vísteme con la suavidad de tus manos…
y desnúdame entonces
con tus tantos deseos.

Como observamos el poeta se pierde en la voluntad del movimiento dador de vida, sin embargo no nos debemos dejar vencer por las apariencias, el poemario se construye de posibilidades en referencia a un cuerpo trascendental; el deseo no se queda en las palabras, sino que siempre es una búsqueda, un camino que exige una estrategia:

Soy
un timonel…
sin manos,
un bucanero…
que carece de dirección,
un simple marinero…
dispuesto a desenterrar tus tesoros.

Te quiero…
joven
como tus palabras,
eterna
como un mar de estrellas.

Eres mi único y añorado puerto…
yo un navegante de sueños.

El erotismo impregna todo el poemario, lo sitia y magnifica. El erotismo es la descripción sensual de los objetos que se poetizan para alcanzar el grado máximo de su expresión. El símbolo del placer erótico un rico “café”:

Mis deseos orbitan alrededor del crepúsculo de tus gemidos. Quiero verme amanecer entre las grutas secretas de tu cuerpo. Hazme desfallecer sobre los medios de tu espalda. Derríteme con la fuerza de tus soles despiertos. Dame a probar de las llamas que se ocultan en tus adentros. (…) Se enciende la vida, se apagan las luces de nuestros días. Aroma a café, café negro endulzado con tus leches y azúcares. (…) Derrama tus sueños sobre mí, duerme, despierta. Frío, tibio, caliente, umm ardiente. Rico café.

El libro apunta a una redención por el sentir, por la magia del encuentro amado. El erotismo se transforma en único discurso, el placer del movimiento sensual, la única realidad frente a los desmoronamientos, la destrucción del tiempo sobre la carne y los sentidos.

(…) He lavado mis culpas. Mis manos no están manchadas. Alzaré mi cáliz dorado y brindaré por tus embriagantes gemidos. Toma, levanta tu copa y bebe de mi dulce vinagre. Se estremece nuestro lecho, me estremecen tus vituperios pasionales. Flagelaré tus espaldas. Dejaré tus heridas abiertas. Dame a beber de tu mosto para embriagarme con tu locura. Dobla tus rodillas; calla ramera y muere en silencio. Abre tus piernas para lamer tu sepulcro y resucitar tus enclaustrados deseos.
Será nuestra última cena.

La piel es el hiperanhelo, esa mezcla de pasión, tentación y frustración que configuran la caída del sinsentido, el azar y el juego seduciendo al poeta hasta angustiarlo y paradójicamente esperanzarlo, dándole una nueva vitalidad.

En suma, Genéstica es un intento por la fusión amorosa, el sentido más cercano por la búsqueda vital y sobre todo el anhelo por satisfacer nuestros deseos en el cuerpo amado. El poeta sabe que el único enemigo es el tiempo, por eso se busca en la existencia de sí mismo. Sabe que su espíritu vive de la acción, de la exploración sin fin, por eso intenta renacer, intenta fusionarse eternamente con la vida.




Paolo Astorga

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