domingo, 30 de noviembre de 2014

"Cultura combi" de Julio C. Benavides Parra - Paolo Astorga

Cultura combi



Cultura combi
Julio C. Benavides Parra
Ángeles del papel, 2014


Cultura combi (Ángeles del papel, 2014) del poeta peruano Julio C. Benavides Parra (Lima, 1977), nos muestra de manera directa e irónica el diario vivir dentro de ese monstruo de cuatro llantas llamado “combi”. El libro se propone generar un discurso poético que desentraña la violencia como único lenguaje posible ante la miseria de lo posmoderno. El medio de transporte se transforma en un verdadero averno, el simple abordaje de estos cacharros oxidados que fungen de nuestro diario transporte se transforman en el símbolo de toda una sociedad presa de sus frustraciones y miserias. El poema I, nos plantea desde el inicio su ánimo descriptivo de nuestra propia idiosincrasia:

Mi estómago
suena,
debo cenar al llegar y
un rompe muelle
me mueve el trasero.
Una música
tal vez cumbia
me hace doler la cabeza
en esta coaster asesina
solo tengo un sueño
llegar a casa.

Se me prohíbe soñar.

Como observamos el poeta nos retrata ese mundo urbano donde la angustia y el azar se transforman en violencia vital. En esta ciudad de “combis asesinas” solo se puede ensayar el sueño de los sobrevivientes. Y mientras la incomunicación se acrecienta, mientras la soledad y la necesidad de equilibrio solo son meros “sueños prohibidos” el poeta testifica su diario vivir en una sociedad desmoronada, mutante, radioactiva.

Aún no he llegado
ni a tu puerta
ni acariciar mi ventana
ni las horas azules
el viento me ventea la cara
y es abierta la puerta
espera una caída de
un fulano, zutano, más mengano
más las policiales
de un diario
el policía detendrá el auto
y yo digo en silencio
cierra la puerta
¡Carajo!

La violencia verbal, la corrupción y la informalidad han generado un estado donde la única verdad es la misma violencia, la indiferencia, sin embargo el poeta es un neorromántico, un ser melancólico que debe enfrentar en su cotidianidad a la angustia de lo que se va pudriendo, la destrucción de las ilusiones:

A pesar de tener
solo unos años
y tantas ilusiones
su mirada era triste
como el bolero del bar
como el cielo de Lima.

El poeta se enfrasca en una lucha entre lo ideal y lo real y eso le genera angustia, una necesidad obsesiva por querer retratar la ciudad y sus miserias. La soledad es el lugar de este poemario, la nostalgia de que la ciudad se enfrasca en su propio apocalipsis y que solo queda la incomunicación y la barbarie. Solo la ironía puede desprender a las moscas de la herida putrefacta, la ironía no es la cura, sino solo el espasmo de los moribundos. Pues:

Cada segundo y
paradero es hacer una mueca al destino
el subir en un auto en Lima
es una eterna ceremonia de despedida
y un canto a la vida
si se llega al destino final.

No morir en el absurdo, esa es la consigna del poeta. El discurso se centra en el escape de la muerte, la angustiante rehuida ante la desesperación, ante la insignificancia. Benavides, colma su poemario de imágenes ligadas a lo religioso, en tanto se ve cercano a la desaparición, convertirse en un occiso cotidiano, un cadáver que a nadie importa. Sin embargo la ironía matiza esa angustia ante la muerte:

Hoy no subí a la combi
no tomé ningún transporte
solo caminé
y en el nombre del padre
estoy salvado
y no tuve el corazón por la boca
y al no subir en el auto
ni la madre fue mentada
y el espíritu  que tal vez
quede en vilo
si me subo al carro
no fue invocado
y el crucifijo
que es vital
no fue necesario
hoy creo en Dios,
no subí en combi.

Como vemos esta travesía urbana por el transporte nacional es solo el preámbulo hacia una muerte tonta, estúpida. Benavides lo sabe, por eso el manejo de su lenguaje es llano, casi como una confesión maníaca contra las desgracias de nuestra sociedad presa de la paranoia y lindando con la esquizofrenia.

La vida “no vale nada”
dice la canción
espero llegar a casa
me cojo de mi asiento.

Y al final de este viaje accidentado, el humor es lo único que queda. Testimonio de ello es el Poema XXX que parte de las “dignas” huelgas de transportistas para a partir de ello, mostrarnos “el paraíso” sin las diabólicas combis. Veamos:

Hoy hubo huelga
de transporte público
no veré autos
que rugan y maten
transportistas que lanzan
vituperios e insultos
y ponen rostros
de locos de la pista
cobradores que cobran
a cada rato
y tanto humo sobre
mi cara
una pista repleta
tampoco veré
policías coimeros
ni semáforos con desperfectos
es un día como
hace mucho
no se veía
pista despejada
menos violencia
en la calle
y sin ráfagas de insultos
hoy sin transporte público
se puede andar
sin ser atropellado
parece un sueño
portada para un cuadro.

En suma, Cultura combi, se nos presenta como un molesto espejo de lo que es, vergüenza propia, nuestra sociedad. Informal y violenta. Aquella que se ha resignado a su tragedia diaria y se ha acomodado “como pueda” a su asiento sórdido y violento de cada día. El poeta es un cuerpo que sufre su angustia, pero también, un descriptor de ese cáncer muy de hoy llamado indiferencia.


Paolo Astorga


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