martes, 25 de noviembre de 2014

“Tu inteligencia necesita un Smartphone” - Paolo Astorga

“Tu inteligencia necesita un Smartphone”



Escrito por: Paolo Astorga


Se ha ganado el cielo, se ha achicado el mundo, se ha conectado para siempre a todos, pero, paradójicamente, hemos perdido la capacidad de ver profundamente, en HD – si se puede  decir-, las cosas más cercanas que nos rodean.”



El año pasado el eslogan de una compañía conocida de celulares decía: “Tu inteligencia necesita un Smartphone”. Nada más cierto. Terriblemente cierto. Hoy en día muchos de nosotros no nos pensamos más allá de nuestras pantallitas o pantallotas de nuestros teléfonos. Mucha de nuestra vida la hemos dejando en un clic, en una foto, en un video. Nuestra “inteligencia” se ha modificado y nos hemos convertido en un cyborg que se mira como un ser hiperevolucionado, pero que ha perdido la mayor parte de su capacidad de reflexión. Antes, tu  inteligencia solo necesitaba de tu inteligencia, ahora tu inteligencia, para poder desarrollarse, para lograr ser “una inteligencia aceptada, certificada” requiere un Smartphone.

Sin duda el problema no está en el aparato celular, ni mucho menos en la monstruosa campaña publicitaria. El problema está en nuestra obsesión por querer convertirnos en una piedra. Me refiero a que mientras más desarrollada es nuestra tecnología, más superficial se ha convertido nuestro pensar, no nos preguntamos nada, no nos movemos para nada, no sentimos ya nada, solo nos mantenemos en un estado aquietado bajo la apariencia de que nos movemos a mil por hora. Sin duda, es la apariencia de la rapidez. El fenómeno flash que se inserta en nuestra piel, en nuestros ojos, en nuestra forma de pensar. Somos un animal social que debe adaptarse a su nueva orden tribal: Estar conectados, siempre. Las miles de posibilidades de un Smartphone están directamente relacionados con la idea de comunicarnos. Se ha ganado el cielo, se ha achicado el mundo, se ha conectado para siempre a todos, pero, paradójicamente, hemos perdido la capacidad de ver profundamente, en HD – si se puede  decir-, las cosas más cercanas que nos rodean.

Y es que el mundo de hoy es un monstruo acumulativo. Tener y usar. Para nadie es un secreto que cada día hay menos pensamiento reflexivo, menos pensamiento crítico, menos generación de ideas propias. Estamos ahogados de información, de aplicaciones y de un gran cúmulo de posibilidades que, sin embargo, han dejado de lado al significado, al conocimiento, a la creación.

Se ha ganado mucho, no podemos ser mezquinos, pero a la vez, se ha perdido irremediablemente la capacidad de poder parar las máquinas, para lograr analizar el engranaje, el funcionamiento, el porqué de lo que hacemos, de lo que pensamos, de lo que somos. El Smartphone es la nueva inteligencia. Rapidez, pero a costa de la profundización, de la reflexión que requiere tiempo, y por supuesto, silencio. Ya no vemos igual a hace cincuenta años. Nuestra mirada es más superficial, nuestro pensamiento se asemeja más a un clic, a un like, que a una sinfonía de Beethoven. Un like, en esta época del Smartphone es la norma, es el modelo de “reflexión”, pues hay tanto por leer, hay tanto por observar, hay tanta masa de información, que la forma de mantenernos conectados es con la presencia de un “dedito arriba”. En cambio el pensamiento reflexivo, casi siempre es crítico, opinante, constructivo y teórico. Es metafórico e ideológico. Sus bases se centran en la observación y el análisis de los fenómenos y para que se logre, se requiere un tanto de lentitud, de tiempo. Reflexionar es construir significados en un mundo lleno de datos. Hoy, es una actividad tan dificultosa como convertir el agua en vino.  

Sin embargo, tu inteligencia necesita un Smartphone. Cómpralo y dirás que ya potenciaste tu inteligencia. Todos deben tenerlo y ser del mismo molde. No obstante, la inteligencia no es nada sin la reflexión, sin el mirar hacia adentro, sin el cuestionamiento, sin la generación de ideas. La inteligencia no es solo la técnica de saber “usar” aplicaciones o saber “editar”, “copiar”, “pegar” o “compartir” multimedia. La inteligencia es, antes que nada, una actitud interpretativa, un ánimo sistematizador, ordenador y formativo. La inteligencia no solo resuelve problemas, sino que debe construir esencias y potenciarlas. 

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