jueves, 5 de marzo de 2015

Entrevista a Manuel Aguirre - Paolo Astorga

Entrevista a Manuel Aguirre
Yo no escribo para deleitar al lector con las delicias del lenguaje. Escribo para punzar, herir, sacudir, mostrar la basura que tenemos dentro, inseminar la rebelión en los oprimidos, ayudar a romper las reglas del juego con que se esclaviza a los seres humanos”.




Entrevista realizada por: Paolo Astorga



Desde cuándo comenzó a escribir? ¿Por qué?
Poco después de haber empezado a leer literatura. Quiero decir, novelas, poemas, dramas, comedias. Esto fue allá por el año 1967, en que todavía me encontraba en servicio activo para el ejército peruano.

¿Qué es para usted ser escritor?
El escritor es un auditor de la sociedad humana, de su historia, al mismo tiempo que es un ensayista de su futuro.
 
Cuéntenos sobre su vida, sus obras, sus proyectos, su actividad literaria
Una niñez solitaria, triste e intuitiva, llena de fantasías personales en la oscuridad de la mente. Crecí, sin ningún control o guía familiar, revelándole contra el estatus quo y llegue a ser un adulto productivo por la gracia de Dios. El ejército me domesticó y me dio la oportunidad de aprender a estudiar. Viajé y viví en Francia, Hungría y España. Retorné al Perú en 1977 para estudiar en ESAN. Allí obtuve mi grado de magíster en administración y posteriormente trabajé con éxito en bancos y compañías de seguros. En 1987, y gracias a las acciones y amenazas de secuestro por parte de delincuentes comunes o SL; (nunca pude determinar quiénes eran los que aterraban a mi esposa con sus llamadas pidiendo dinero a cambio de mi vida); emigré a USA. Allí trabajé el primer año como obrero de construcción, luego, los siguientes 4 años como contratista en remodelación de casas y los restantes años (por culpa de una recesión), en bancos de hipotecas, mientras escribía por las noches y fines de semana, hasta que llegó la edad de mi retiro. En el año 2013 me mudé a Oxford, Mississippi (la ciudad de W. Faulkner), que es donde actualmente resido.

Mis obras: he publicado en 1972 un libro de poemas, “Razón de silencio”, edición del autor; una novela, “una bala en la frente”, EstruendoMudo, Lima, 2006; esta misma novela, traducida al francés, “Une Balle dans le front”, Les fondeurs de briques, Saint Sulpice, 2010; Reedición de la misma novela, en español, Planeta Perú, Lima, 2013. En el 2007  se publicó mi libro de cuentos, “Reyertas y desafíos”, El Santo Oficio, Lima.

Tengo, terminada e inédita, la novela, “Insurgente”, segunda entrega de mi trilogía, “Dudas y murmuraciones”. Estoy escribiendo la tercera novela de la citada trilogía (con el nombre, “Crisol”). Estoy escribiendo un segundo libro de poesía (con el nombre, “Séptimo día”) y un ensayo sobre un libro de poesía de un joven y revolucionario autor peruano. Por último, tengo en la línea de producción una novela adicional con el nombre provisional, “Taxi”, y una novela de ciencia ficción con el nombre provisional, “Éramos”.

En la actualidad tengo 74 años de edad, soy discapacitado (por mis rodillas), y aparte de escribir tengo múltiples tareas que afrontar en este pequeño pueblo en el que vivo con mi esposa y mi hijo menor (31 años). En mi casa soy el encargado de mantener funcionando y reparar las computadoras de la casa (4). Soy el plomero, electricista, jardinero, granjero, cocinero (cuando se necesita), etc. Por todo esto, como te imaginarás, y por mi edad y mi limitación física, me queda un tiempo limitado para ejecutar todos mis proyectos. En resumen, haré lo que el cuerpo me dé en el tiempo que Dios me permita vivir y trabajar.
 
¿Cómo define su narrativa?
Realista, transgresiva, irónica, graciosa, profundamente crítica, con tendencia fuerte hacia la prosa poética. El lenguaje que uso es simple y llano, me gustaría acceder al mayor número de lectores en todas las clases socioeconómicas. Trato de ser honesto y amoral, desde el punto de vista del narrador.

¿Cree que el escritor es un ser obsesivo?
Absolutamente, sí.

¿Qué escritores o poetas han influenciado en su producción literaria?
Ciro Alegría. Vallejo. Vargas Llosa. García Márquez, Julio Cortázar, J.L Borges, Alejo Carpentier, Juan Rulfo, Milan Kundera, Chuk Palahniuk, Kurt Vonnegut, Don DeLillo, Allen Ginsberg, Henry Miller, Arthur Rimbaud, Dante Aligghieri, Homero, Arquíloco, John Edward Williams, Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio, George Steiner, Antonin Artaud, Ambrose Bierce, Miguel de Cervantes, Miguel de Unamuno, Franz Kafka, entre otros.

Cuando uno lee, roba; asimila, se imbuye de la ideología de cada autor en cada libro, se contagia de otras locuras, diferentes obsesiones, que todas pasan a ser parte de uno mismo. Pero esto ocurre de manera sublime, sólo cuando eres en realidad un escritor. De lo contrario resultas siendo un copista y se nota en tu escritura, en tus libros, en tus textos.
 
¿Qué tan importante para usted es la literatura?
Aunque es difícil comer libros, es tan importante como la alimentación; si no comes te mueres, si no escribes y/o lees, también.

¿Es necesario que el escritor sea un hombre comprometido?
Absolutamente. Yo no escribo para deleitar al lector con las delicias del lenguaje. Escribo para punzar, herir, sacudir, mostrar la basura que tenemos dentro, inseminar la rebelión en los oprimidos, ayudar a romper las reglas del juego con que se esclaviza a los seres humanos. Yo estoy comprometido con todos los seres humanos desde mi cosmovisión e ideología (que puede ser correcta o errada), frente a las fuerzas que abusan de los dominados y/o corrompen la sociedad en que vivimos. La capa dominante es el enemigo. No tengo compromiso con ningún país o partido político o escuela o grupo. Yo soy del pequeño lugar donde vivo porque allí me siento libre y respetado. Esa es mi patria, y todos los oprimidos y los que buscan el bienestar de los demás son mis hermanos, sin distinción de raza o género

¿Cuál es el fin de su narrativa?
Evitar el suicidio, exponer mi punto de vista, intentar la comunicación con otros seres humanos sin tener en cuenta el tiempo en el que ella ocurra; lograr la inmortalidad. Una vez que tu libro está editado, va a ser leído algún día por alguien, ahora, mañana, en 20 años o en mil años, y si la persona que te lee se identifica con lo que dices, ya eres inmortal.  Boecio vivió en Roma del 480 al 525 DC, y 1,490 años después te estoy hablando de él, como si fuera mi amigo, sus libros están en Google Books, gratis.

¿Cómo ha cambiado su lenguaje literario a través de los años?
Mucho. Cuando empecé a escribir en 1967, escribía poemas a mi novia tratando de copiar a Machado y a Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita. En el año 1970, trataba de escribir como MVLL o GGM. En el 1972, traté de ser Beat (Beatnik), y quise escribir como Ginsberg (este es origen de Razón de silencio). En el año 1994 (había dejado de escribir 22 años), empecé a escribir de nuevo y quise hacer un libro de caballería (como el Quijote de Cervantes), pero ambientado en nuestra época y con la caballería de los ejércitos modernos, y me tomó cinco años escribir un mamotreto de 1,800 páginas que no me llevó a ninguna parte. En los años del 2000 al 2004, traté de producir un estilo propio y nació “Una bala en la frente” y “Reyertas y desafíos. Desde el año 2010 al 2014 pude escribir “Insurgente” (ahora terminado), que indudablemente es mi estilo perfeccionado y modificado por mis lecturas, de esa época, que fueron más metódicas y analíticas que las anteriores. 

Dentro de su  producción literaria, ¿Qué obra elegiría usted por optar en una en especial?
Definitivamente, “Insurgente”.

¿Qué hace antes de escribir?
Pienso. Hablo, en voz alta cuando camino por el parque o por la calle. Le cuento a mi hijo los pedazos de historia que estoy tratando. Investigo y escribo todo lo que encuentro. Creo mis personajes, hago un boceto de la trama y la reacomodo mil veces. Me recluyo y me aíslo. Dejo de leer, hasta que termine lo que estoy creando.

¿Qué es para usted un buen libro?
El que me cuenta una historia creíble, el que me mantiene en el filo de la silla, el que me hace reír y después llorar, el que me entrega personajes que se convierten en amigos o enemigos personales, porque son en parte buenos y en parte malos, como yo. Un libro que me incita a llamar a la editorial para pedir la dirección o el correo del autor para comunicarme con él o ella.

¿Qué opinión tiene usted sobre la narrativa que se publica en la actualidad?
Como en cualquier época hay los escritores accesibles y los turbios, ambos producen libros que el público y la crítica llamarán buenos o malos, pero los dos son buena literatura. Todo depende del gusto y el nivel del lector. También existen copistas que producen mediocridades y hay necios, aquellos que no teniendo la habilidad o el don de la escritura, insisten testarudamente en escribir y publicar, o, lo que es peor, se resisten con tesón a educarse, a trabajar su oficio para mejorar, y deciden culpar a los demás de su mala calidad. Pienso que siempre ha sido así, en el Perú y en el resto del mundo.

¿Cómo ve usted hoy por hoy la industria editorial? ¿Cómo autor, qué soluciones le daría a este problema?
Esta es una definición de concepto: La industria editorial es una empresa comercial, tiene un producto que elaborar y vender; cuenta con locales que atender, insume materiales que debe comprar, contrata empleados cuyo salario deberá pagar y responde ante accionistas con utilidades por distribuir. Entiendo que estas empresas están obligadas a publicar libros que ellos esperan se puedan vender. No son instituciones de beneficencia.

Dicho todo esto, se puede analizar con detalle los vicios que resultan de quienes manejan las editoriales, que al fin y al cabo son seres humanos a los que debemos tratar de entender a fin de contrarrestar sus caprichos con acciones conducentes a un mejor acceso.

Independientemente de todo lo que yo pueda decir o hacer al respecto, existe la realidad en que vivimos los escritores en un “mercado de compradores”. Por un lado estamos los millones de escritores, los “vendedores”,  ofreciendo nuestro producto a el “comprador”, la editorial, que por esta circunstancia se puede dar el lujo de escoger y poner todas las condiciones que le sean favorables.

¿Qué hacer para solucionar esta desventaja? Los escritores debemos actuar (intentarlo por lo menos), como personas económicas. Cada escritor es una empresa, también, y como tal debe producir productos (libros), orientados a un segmento de mercado (el segmento que satisface nuestros principios). Este escritor del que hablamos deberá cuidar con esmero de la calidad de su producto, deberá mercadearlo apropiada e incansablemente (a través de los años, esta es una tarea inmensa), hasta conseguir su publicación y más aún, después de su publicación para así lograr, algún día, pertenecer a una “casa” a la que pueda volver con cada nuevo producto. No sé si esto satisface tu pregunta. No creo que haya una solución específica. El escritor se debe “vender” (nunca prostituir), para que su clientela (el lector a quién el escritor ha dirigido su obra), se sienta atraído hacia los libros del escritor.

¿Cree en los concursos o certámenes literarios?
No. Yo no escribo para participar en concursos.

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión literaria por Internet, como revistas literarias, blogs, páginas sobre literatura, redes sociales, entre otras?
Las aprecio como algo invaluable para los escritores. Es una parte importante de nuestro aparato publicitario. Es una ventana al universo de lectores. Es un lugar de reunión e intercambio entre lectores, escritores, agentes y editoriales que ha convertido a nuestro mundo en el universo.

¿Cuáles son las obras que recomienda leer?
Sin orden de importancia: La Ilíada y la Odisea; La Eneida; La Biblia; La consolación de la filosofía, de Boecio; Stoner, Augustus y Nothing but the Night, de John E. Williams; Los Trópicos de Miller; 1984 y La granja de animales de Orwell; WE (Nosotros), de Yevgeny Zamyatin; Todas las novelas de Palahniuk; Todas las novelas de K. Vonnegut; Ethan Frome, de E. Wharton; Los Embajadores, de H. James; El buen soldado, de Ford Madox Ford;  La divina comedia; El quijote; El libro del buen amor; The Trial of Sören Qvist y The wife of Martin Guerre, de Janet Lewis y por último, todos los libros de Antonio Cisneros, a quien considero un acabado maestro de la síntesis. Eso es lo que define a un poeta; su capacidad de síntesis.

¿Cuál es el consejo que daría a los escritores que recién se inician en la narrativa?
Cuida tu lenguaje, sé respetuoso de tus lectores, trabaja tus escritos como si de ello dependiera tu vida, cree en ti y ten fe en tu trabajo como escritor, nunca abandones a ninguna de tus creaciones, los libros que produces son tus hijos, por siempre.

Por último: ¿desea agregar algo más?
Muchas gracias por esta entrevista, Es la primera que me hace un profesional de la literatura. Me han entrevistado en el pasado, pero tan sólo con motivo de la presentación de mis libros y hablando específicamente del libro que presentaba. Muchas gracias por ser como eres: Un hombre honesto febrilmente dedicado a la literatura; eres un señor independiente en tus actos, en tus conceptos y sin ninguna mala entraña para todos los que te rodean o con los que circunstancialmente tienes contacto.


Fragmento del capítulo 2 de la novela, inédita, Insurgente

2



Esto sucedió, jefecito, cuando tú ya estabas en Ninantaya. Te perdiste esta parte. Pero es bueno que la conozcas. Así podrás atar cabos. Escucha y visualiza, imagínate, piensa, absorbe la experiencia. Vas a sentir el olor de esa cama… De esa mujer…

“Aquí llega tu Serruchito, Chinita; vengo a pedirte un churrasco para sentirme como en mi casa, tal como dicen que le ofreció la Betty al huevón del Arrieta”, balbuceó tu compañerito —que es de mi color— con rostro de arrecho, los labios estirados como si quisiera dar un beso desde lejos; intentando reflejar extrema excitación sexual con los ojos entrecerrados; sacudiendo su cabeza (poblada de pelo terco, grueso y seboso, que él piensa es terso, dócil y perfumado), después de introducirla en el dormitorio del capitán ese, al que los demás llaman Collera, y listo para cruzar el vano de la puerta que la esposa había dejado entreabierta.

“Entra, Serruchito de mi corazón”, le contestó, aún en la cama, cubierta por un remolino de sábanas y colchas. “¿Has visto a mi marido?, no sea que se le ocurra venir a esta hora”.
Tu compañerito, le respondió con una elaborada historia. Que resulta que el capitán —su marido— salió temprano con su escuadrón, a caballo, en dirección a Desaguadero. Que estaban de maniobras, pues. “No te preocupes, Chinita, tú sabes lo respetuoso que soy cuando hablo con mis superiores”. Que así pues, le había preguntado al capitán que a dónde iban y que a qué hora regresarían, y que el Collera le había contestado: “dirección: Desaguadero. Destino: secreto. Retorno: a las cinco y media de la tarde”.

“Como puedes ver, tenemos el día entero para revolcarnos, Chinita”, le dijo en tanto desabotonaba su camisa con desesperación; extraía sus pies de las botas, con gran esfuerzo, y se introducía entre la maraña de sábanas sucias para decir, fingiendo sorpresa y con voz apagada:

“¡Puta!... Estás completamente desnuda… ¡Sinvergüenza, tú sabías que yo iba a venir!”.

Yo los vi, Gerardito. La Chinita se arrodilló junto al Serruchito y le lamió su pecho, primero, el cuello a continuación, mientras le decía, “me ha dicho la Betty que al Arrieta lo van a destacar a la hacienda Ninantaya. ¿Dónde queda eso?”.

“En el culo del mundo, Chinita. En Urano; Siberia; tú dime, cualquier nombre que le puedas dar al infierno”.

“Y ¿por qué lo mandan a él, no es muy joven para ese destino? ¿No le falta experiencia para ese tipo de trabajo? Pobrecito…”.

“Tengo la impresión de que lo quieren joder. Ese puesto es para un teniente con dos años de antigüedad, por lo menos. Pero, ¿qué es esto, una clase de relaciones laborales? Yo he venido, sacrificando mis horas de trabajo, para culear contigo, Chinita rica. Anda, déjate de ronroneos y súbete al caballo”…

Ella se lo montó, tenía las rodillas flexionadas, y, a horcajadas, cogió con una mano el miembro de su amante, lo enfiló hacia arriba y se penetró con la ayuda del peso de su cuerpo para a continuación restregar su sexo y sus nalgas contra el pubis y los muslos de su amante. Un pendejo tu compañero el Serrucho, Gerardito.

“¿Quieres un churrasco?”, le preguntó la China. “¡Usa pues el inmenso serrucho que tienes acá!” Se elevó sobre las rodillas, le sacudió el pene con las dos manos. “¡Córtalo tú mismo!”, le dijo, con voz cargada de excitación. Cayó la pendeja sobre el cuerpo de su amante, taitita y en son de queja emitía ronquidos muy tenues, el lamento de una gata en celo, pero muy cuidadosa del volumen de su voz.


Sobre el autor:
Manuel Aguirre, nacido en Arequipa, 1940. Ha sido oficial de caballería del ejército peruano y es retirado desde 1972. Estudia un año en San Marcos (Letras), y otro en la PUCP (Antropología). Publica un solitario libro de poemas en 1972, “Razón de silencio”; Se casa, se dedica a trabajar, trota por Europa, se hace master en administración de negocios por ESAN, en 1978, trabaja en Lima como ejecutivo de bancos y compañías de seguros, se marcha hacia California en 1987, se establece en la ciudad de Los Ángeles y descubre, en 1994 que no puede vivir sin escribir, pero tampoco puede dejar de trabajar. Se entrega a la escritura nocturna y sabatina hasta que diez años después cree haber aprendido a escribir. En 2006 publica su primera novela: “Una bala en la frente” y en 2007 un segundo libro de cuentos: “Reyertas y desafíos”. Una bala en la frente se tradujo al francés y se publicó en Francia el 2010 y se reeditó en español, por Planeta-Perú en el 2013. 

Tiene dos novelas inéditas: “Insurgente” y “Crisol.” Actualmente está escribiendo una novela de CFi, “Éramos”, y un libro de cuentos, “Historias de combatientes”, que espera publicar en el 2016. 


1 comentario:

  1. Felicito a ambos, al autor Manuel Aguirre y al entrevistador, Paolo Astorga. Es una de las entrevsistas más sabias que he leído y sobre todo, las contestaciones del estimado escritor, mejor todavía. Me encantó su sinceridad. Usted, estimado Aguirre, es un ejemplo a seguir. Éxito e Inmortalidad para usted.

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