domingo, 8 de marzo de 2015

La pérdida de lo serio - Paolo Astorga

La pérdida de lo serio


Escrito por: Paolo Astorga

“No importa saber de filosofía o literatura, porque es un saber “muerto”, difícil, inútil. ¿A quién le importa leer en esta era donde otros pueden hacer el trabajo por uno? ¿Acaso es necesaria la reflexión hoy en un mundo tan irracional donde a diario se mata por unos cuántos centavos? ¿De qué sirve pensar, si la carne está servida en la mesa?”


Hace unos días terminé de releer un interesante libro de Ernesto Sábato llamado El escritor y sus fantasmas y, muy aparte de la genialidad de Sábato para condensar y hacer accesible a todos sus agudas reflexiones sobre la novela, la teoría literaria y el arte en general, me quedo con una frase que por demás es muy conocida: “Una de las misiones de la gran literatura: despertar al hombre que viaja hacia el patíbulo”. Esta tremenda frase resume simbólicamente la necesidad de toda persona por ser “despertada” de su somnolencia, de su apaciguamiento para a través de la literatura y, de todo el conocimiento en general, encontrar la conciencia que lo lleve a pensar y pensarse frente a lo inevitable en la vida: La muerte, la destrucción, el olvido. Sin embargo, esta frase excepcional no solo imprime una gran necesidad del hombre actual por asirse, anclarse a un compromiso que lo transforme y transforme su realidad, sino que también muestra una profunda carencia actual, la inconciencia que nos hace conformes, satisfechos, felices e inmóviles.

Entonces, encontrar esa consciencia, esa responsabilidad de nosotros con nosotros y para con los demás requiere revalorar una palabra que sin duda es poco afamada y hasta perjudicial a nuestra era actual, me refiero sin duda que hoy por hoy, lo serio si no ha desaparecido está en vías de serlo. Lo serio definido como aquella facultad que pretende generar en aquel que la posee una actitud de disciplina y responsabilidad con la realidad a la que pertenece. La seriedad para muchos es “nociva” y a la vez difícil de acceder ya que tiene un costo que va más allá del mero tener o poseer. Ser serio plantea como principal característica ser consciente de uno mismo, es decir, conocerse, pensarse y pensar a los demás como seres humanos y no como simples medios móviles. A la seriedad hoy se la ve como una actitud nociva que aplasta el sentido “jovial” de la modernidad. Como lo actual supone siempre la sonrisa como un medio de acercamiento con el otro, la seriedad termina por ser siempre un modo desfasado y lento de observar el mundo y de vivirlo. Toda seriedad genera la sinceridad y el conocimiento en profundo de las situaciones, pero, muchas veces la seriedad parte del dolor y de la frustración. Somos serios porque hemos “despertado” para reconocer que nuestro camino nos lleva al patíbulo y esto nos ha llenado de dolor al reconocer nuestra insignificancia.

Por otro lado, la seriedad no tiene nada que ver con la idea de reír o de diversión. En un mundo donde la diversión es la divisa simbólica intercambiable, el eje que mueve las relaciones interpersonales, la seriedad no solo se opone a la diversión como mecanismo de ablandamiento y letargo, sino que la combate, pues genera personas que comprenden a su propio ser y pueden ser autónomas.

Hoy la sociedad ha trastocado enormemente sus valores. Lo serio resulta ahora una pérdida de tiempo, una estupidez, mientras que lo poco serio, lo intrascendente es lo más importante. No importa saber de filosofía o literatura, porque es un saber “muerto”, difícil, inútil. ¿A quién le importa leer en esta era donde otros pueden hacer el trabajo por uno? ¿Acaso es necesaria la reflexión hoy en un mundo tan irracional donde a diario se mata por unos cuántos centavos? ¿De qué sirve pensar, si la carne está servida en la mesa? La actitud de seriedad no pretende mágicamente desaparecer los problemas del mundo, sino, generar la responsabilidad de abordarlos para hacerlos nuestros y así encontrar caminos posibles. Me temo que en este momento, en este ahora interminable en el que nos encontramos, hablar resulta ser una actividad colosal, pues supone dejar nuestra comodidad para enfrentarnos a una realidad que nos consume tanto como la consumimos. De esta manera tomar las cosas en serio es una rebeldía. Porque rebelarse es siempre ir contra lo establecido y si lo establecido dicta cual moda negar todo lo serio, la conciencia, en aras de una diversión perpetua y cada vez más superflua e irracional, la seriedad es un trabajo de pocos.

La necesidad de desprenderse de ese ser narcotizado por la insignificancia, generará el reconocimiento de nuestra bella inexactitud. No podemos vivir como seres que se duplican en copias exactamente idénticas día tras día. Toda persona que ha alcanzado la seriedad desde el despertarse, sabe que no puede quedarse quieto. La seriedad nos impulsa a tomar las riendas de nosotros mismos y dar forma o claridad a nuestra propia realidad. Sin duda la cuota de la seriedad hoy en día es el dolor de saber que se está solo en este gran valle de lágrimas y sin embargo, tener la certeza de que se mira al mundo no como una simple despensa para mi egoísmo, sino, como una posibilidad para reconocernos y reconocer la riqueza de los demás.

1 comentario:

  1. pareciera que necesita comprobar que existe la fortaleza espiritual que es completamente real y necesario en esta y todas las realidades.

    ResponderEliminar