domingo, 29 de marzo de 2015

Un breve comentario sobre Google y el conocimiento - Paolo Astorga

Un breve comentario sobre Google y el conocimiento



Escrito por: Paolo Astorga


“Si nuestro cerebro cada vez se parece a Google, entonces nuestra forma de concebir el conocimiento se parecerá mucho a una simple forma de cálculo cuantitativo, mas no cualitativo o crítico, es decir, conocer será tan igual como buscar”.


Cada día en el mundo se hacen más de mil millones de consultas en el buscador de Google. Una palabra como “Cultura” tiene cerca de 612,000,000 de resultados de búsqueda. Esta abrumadora cantidad de información está organizada de una manera “relevante”, dando como uno de los primeros resultados a la página de Wikipedia que es una suerte de gran enciclopedia 2.0. Si lo vemos desde el punto de vista cualitativo estos resultados nos arrojan la conclusión de que la humanidad en su conjunto ha llegado a un punto donde la información es tan inmensa que es prácticamente imposible procesar todo aquello que podemos “buscar” en Internet.

Sin embargo, si pensamos un poco este fenómeno que es de lo más cotidiano, notamos que cada día es muy común que nuestra capacidad de procesamiento esté prácticamente orientada exclusivamente por el deseo acumulativo, aditivo y cuantitativo de la información. Al realizar una búsqueda en Google nos enfrentamos ante la gran problemática de la generación del conocimiento. ¿Es la información conocimiento? ¿Es la Internet la gran fuente de conocimiento del siglo XXI?

No es novedad que en la red impere la velocidad como protocolo para el internauta que navega por toda su infinita extensión. La velocidad es una pieza fundamental no solo en la red, sino en el mundo actual que busca hacer de todo algo “conocido”, “encontrable”. El que busca en Google, anhela encontrar aquello que le permita “conocer” lo que no sabe. Sin embargo, ¿Es conocimiento eso que buscamos? Por supuesto que no. Muchas de las búsquedas no indagan un conocimiento, sino solo una solución, una ayuda, respecto a un tema o problema en concreto. Hay que ser muy claros: el conocimiento no es buscable, no se puede encontrar. La naturaleza del conocimiento es siempre la construcción, la teoría, pero sobre todo la creación, característica que escapa de la simple cuantitividad que nos ofrece la información. Muchas de las búsquedas en Google no se establecen desde las perspectivas netamente académicas, sino se muestran más como consultas de temas diversos. Es válida por tanto la búsqueda de una “receta para preparar Chancho al palo” que otra sobre “Filosofía de la tecnología en Martin Heidegger”. Los resultados que nos arroja el buscador no son conocimiento propiamente dicho, sino las piezas para armar nuestro rompecabezas.

La información y el conocimiento son totalmente distintos. La información abunda –en exceso y cada día resulta más difícil conseguir calidad de información, es decir, aquella que nos permita construir el conocimiento. El conocimiento es creación y como toda creación requiere de una suma diversa de materiales para lograrse. La creación no tiene una única forma, ni siempre responde a la mecánica, es decir, a patrones ya establecidos. La creación, por tanto, nunca surge de una causa-efecto, no es acumulativa, no se puede adquirir con el simple acopio de información. El conocimiento como creación ostenta un valor mucho más importante que la información porque el conocimiento consiste principalmente en dar un sentido al mundo.

Mientras que la información es conocimiento de otros, el conocimiento requiere siempre un procesamiento y no una caza. Lo curioso es que si quiero enfrentarme ante el monstruoso tsunami informático de una simple búsqueda (digamos nuevamente la palabra “Cultura” y sus 612,000,000 resultados), me daré cuenta de que va a suceder dos cosas: Tendré que desarrollar mejores criterios de investigación, afinar mis capacidades de delimitación y procesar una cantidad limitada de información de manera más o menos profunda; o superficializar mi procesamiento con el fin de adaptarme a la creciente producción del información que me sobrepasa y diluye.

Lo preocupante está en el uso. La información sirve como una extensión del cuerpo, como una prótesis, mas no como una herramienta para el pensamiento. No se reflexiona lo que se tiene de información, sino que solo se repite, se habla, se difunde. ¿Y por qué? Porque la información es tan grande y viaja con tanta velocidad que es de suma importancia que esta información no sea procesada para mantener la aplastante rapidez en la que se produce y transmite.

Ahora bien, hay una pregunta por demás interesante ¿Por qué si hay una gran cantidad de información y una tremenda posibilidad para acceder a un sinfín de herramientas que posibilitan el acceso a la misma, suele haber una gran cantidad de personas que no solo han reducido su acervo cultural, sino que han perdido la capacidad de procesar la información, digamos, de tener la capacidad de leer, pero no la de comprender? Una interesante respuesta quizás está en el libro Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (2010) de Nicholas Carr quien expone la tesis de que nuestros hábitos respecto al uso de la Internet no solo han hecho que hoy produzcamos y consumamos una cantidad exorbitante de información, sino que hayamos modificado nuestra forma de pensar y de actuar respecto al procesamiento de una gran cantidad de datos y producción de conocimiento. Carr nos dice que estamos muy cercanos a la máquina en tanto nuestra mente se ha convertido poco a poco en una especie de “buscador”. La memoria virtual lo domina todo en tanto esta contiene aquello que es buscable y que genera en nosotros una suerte de “ilusión del conocimiento y la inteligencia”. Si nuestro cerebro cada vez se parece a Google, entonces nuestra forma de concebir el conocimiento se parecerá mucho a una simple forma de cálculo cuantitativo, mas no cualitativo o crítico, es decir, conocer será tan igual como buscar.

Y es que aunque parezca que hoy hemos desarrollado más nuestra capacidad para establecer relaciones, la inercia del simple cazar, del que busca y encuentra ha banalizado la producción del conocimiento, pues, la calidad de la información cada vez es menor y la cantidad cada vez mayor. Hoy se recurre al buscador para todo, hoy la creación está en desuso porque la información satisface los requerimientos de un sistema que solo necesita dos posibles respuestas: Sí o no, uno o cero.

La creación del conocimiento entonces resulta una rebeldía, una indispensable rebeldía. La idea de la selectividad, del criterio para construir visiones del mundo, la necesidad de cuestionar y generar paradigmas, se ven mermada por una suerte de spam informático. Allí donde “cultura” y sus millones de resultados no se pueden ver solo como posibilidades del conocimiento, sino como el conocimiento. Allí donde los libros de una biblioteca tradicional ya no aportan más que una búsqueda en Google, la sociedad se ve envuelta en una suerte de Neoenciclopedismo donde queremos abarcar todo lo que podamos “conocer”, pero sin reparar, sin ninguna cavilación o cuestionamiento de nuestros “hallazgos”. Y es así que el conocimiento en esta era no debe nacer de la reflexión, del pensar o del crear, simplemente debe ser el “resultado” más relevante de Google y nada más.

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