lunes, 27 de abril de 2015

Caos y creación. Una reflexión sobre la posibilidad de crear - Paolo Astorga

Caos y creación
Una reflexión sobre la posibilidad de crear



Escrito por: Paolo Astorga

“La imaginación aunque escape, aunque posibilidad, es casi siempre observación de lo cotidiano, es un anhelo sensual de ver allí la poesía misma, la vehemencia de la expresividad que genera vida, que puebla de sentidos el infinito universo de nuestros sentimientos”.


El que no inventa, no vive.
Ana María Matute


Esta mañana he dejado una aburridísima actividad. Tú me miras a los ojos y dices: “¿Por qué me deja esto profesor, yo no tengo imaginación?” Apenas explico lo que vamos hacer, tú ya empezaste a cuestionarme, empezaste a sentir que no hay un camino definido, que no se puede memorizar nada, que no es como los exámenes que toman usualmente los demás profesores que poco más y te hacen recitar de memoria “tal cual y fue dictada” la respuesta. No. Esta vez estás solo y tu tarea es mucho más que recitar de memoria una serie de datos que no entiendes, un montón de información que te dicen que es importante, pero que tú sientes que es una terrible obligación. Hoy la tarea es que escribas un cuento. Un cuento, nada más. El único reto es que escribas un cuento donde no suceda lo de siempre. Tu mirada otra vez me acusa de demencia, me quiere destruir. Me cuestionas nuevamente: “¿Qué es para usted lo de siempre, profe?” No tardo en responder: “No lo sé. Solo trata de no hacer lo de siempre en tu cuento”. La respuesta aunque no te satisface tampoco permite que te des por vencida. Empieza la lucha. Piensas un poco y sientes que todo te sabe a “lo de siempre”. Piensas que no tienes imaginación, que escribir es inútil y sin embargo algo –el aburrimiento– te impulsa a escribir. Escribes una primera oración y la borras. Otra y la borras. A la tercera, sientes que es la oración más perfecta jamás escrita y continúas con tu “tarea”. Escribes, escribes y escribes. Experimentas algo nuevo: Sientes que puedes crear, que puedes dar vida.

La creación es entonces un escape, pero no la evasión de la realidad, sino la generación de una nueva realidad a partir de la nuestra. Crear en estos tiempos es una actividad que no solo es recreativa o artística, sino que responde a un acto auténtico de rebeldía: Pensar diferente. Quienes escriben, quienes han creado, han vencido al Minotauro del pensamiento unívoco. Y es que me topo a diario con alumnos que nunca han sido escuchados, que no suelen escribir porque no era la actividad común. ¿Se puede vivir sin escribir, sin crear, sin cuestionar? Me temo que sí, pero no es una vida consciente, no es una vida plena donde el vivir es auténtico, sino más bien como diría Marco Aurelio Denegri sería algo así como un “sobrevivir”. Crear en la escuela es fundamentar la vida misma con la autonomía de los pensamientos propios. Hace unas semanas dejé a mis alumnos una actividad de creación de cuentos. Solo para hacer que la actividad tenga algún sentido creativo les dejé el reto de que el tema o la palabra clave era LOCURA. No dije más que eso y pedí que escriban lo que ellos creían que era LOCURA, quería que LOCURA se convirtiera no en una actividad, sino que sea una posibilidad. No tardaron mis alumnos en acercarse a mí para preguntarme si sus avances de cuento estaban bien o mal. Yo solo leía, -eso es lo que me encanta de ser maestro, leer lo que piensan mis alumnos- y todas las historias eran muy diferentes. Algunas, por ejemplo planteaban historias de personajes que confundían la realidad con la ficción, otros que habían “enloquecido” por culpa del terrible destino que les tocó vivir y –entre los más extraños– pude leer uno sobre un loco que fue apresado por querer regalar libros en Navidad. Entonces, la vida se vislumbraba en esos cuentos que, aunque tenían errores ortográficos y algunos problemas de estructura propios de la era del qué más da, era cierta la posibilidad de la creación.

Y es que la creación nuevamente nos lleva a pensar, a darle una forma al mundo, a responsabilizarnos de lo que somos y hacemos. Lamentablemente el mundo de hoy premia la irresponsabilidad o por lo menos la ha disipado en la simulación. Cada vez es menos frecuente pensar en las dos caras de una moneda, cada vez es menos frecuente hablar de temas que van más allá de un trasero, de unas tetas o de una pelota. Tristemente, aunque hoy vivimos en la hipérbole de los objetos y los deseos, allí donde querer más es importante y nos hace felices, la creatividad se pierde en la soledad de las imágenes fabricadas para ser interpretadas de una manera o solo para ser consumidas como se consume un helado en el verano.


El caos no se ve, la inteligencia es una herramienta que sirve para satisfacer al reptil. La imaginación le da una forma a ese caos, es el retorno, un ensimismamiento, pero también es una metaforización del universo, una transgresión del sentido, una constitución libre que nos ata a la responsabilidad de ser nosotros mismos. La imaginación aunque escape, aunque posibilidad, es casi siempre observación de lo cotidiano, es un anhelo sensual de ver allí la poesía misma, la vehemencia de la expresividad que genera vida, que puebla de sentidos el infinito universo de nuestros sentimientos.

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