domingo, 7 de junio de 2015

Breve reflexión sobre vivir y pensar - Paolo Astorga

Breve reflexión sobre vivir y pensar



Escrito por: Paolo Astorga

“Creo, profundamente, que el pensar original y por ende auténtico, tiene como primera característica la responsabilidad de la consecuencia. No podemos decir que alguien piensa o reflexiona, si no advierte el peso de la responsabilidad. Quien piensa, en suma, es quien ha logrado entender que ideas y realidad deben estar conectadas significativamente”.

Ahora bien, con enorme frecuencia nuestra vida no es sino eso: falsificación de sí misma, suplantación de sí misma. Una gran porción de los pensamientos con que vivimos no los pensamos con evidencia.
José Ortega y Gasset


Esta semana leía el extraordinario libro de  José Ortega y Gasset En torno a Galileo. Esquema de la crisis (Espasa Calpe, 1965) y he podido comprobar lo actual de sus ideas. El libro que tiene como finalidad desentrañar, desde diversos puntos de vista, la constante histórica de la crisis partiendo específicamente del Renacimiento, resulta muy importante no solo por la gran capacidad analítica de Ortega y Gasset, sino por su profunda agudeza para generar en el lector el cuestionamiento y la pasión por la reflexión. Sobre este libro quisiera dilucidar algunas ideas que me han rondado hace algún tiempo. Ideas que están relacionadas al acto de vivir, pero sobre todo al acto de saber vivir.

Ortega y Gasset nos dice que: “…para decidir mi existencia, mi hacer y no hacer, yo tengo que poseer un repertorio de convicciones sobre el mundo, de opiniones. Yo soy quien tiene que tenerlas, quien tiene que estar efectivamente convencido de ellas. En resumen, esto es la vida -y como ustedes advierten, todo eso me pasa a mí solo y tengo que hacerlo en definitiva solo-. En última instancia y verdad. Cada cual va a llevando a pulso su propia existencia”. Como vemos, lo que plantea Ortega y Gasset es tremendamente actual. ¿Vivimos sobre la base de nuestras propias ideas? ¿Estamos convencidos de lo que decimos? ¿Qué convicciones nos mueven, nos hacen vivir? La vida como la plantea el pensador madrileño es siempre actuar como pensamos, es decir, vivir es vivir auténticamente. Ahora bien, si para vivir es necesaria una opinión propia, una convicción o una creencia personal del mundo ¿Por qué esto no es notorio hoy?

Pensar supone siempre arriesgarse. El pensamiento existencialista de Ortega y Gasset tiene un gran obstáculo: La angustia. El hombre no desea cuestionar de ninguna manera sus creencias por temor a las crisis. Esto de andar cuestionándolo todo, de examinar reiterativamente nuestra vida, no solo desbarata nuestras catedrales de arena existenciales, sino que es muy poco práctico. Vemos, por ejemplo, que el pensamiento (si es que existe como tal, es decir, siempre en un grado polémico, inestable, siempre escrutando sus bases, sus creencias), se parece más a un producto manufacturado para millones de almas prestas a tomar esas ideas casi siempre paliativas y paradigmáticas en pos de una confortable estabilidad que jamás se cuestiona, que jamás se observa.  Me temo que la realidad de hoy es la del impulso y ya no tanto de la rebeldía prometeica de aventurarse al cuestionamiento. Pero entonces, si nuestra era es la del consumo en masa, la de las modas profundamente emocionales y que antes de hacernos ver perspectivas de una realidad multidimensional, nos excita y calma, nos recompensa con grandes dosis de dopamina, obviamente, pensar, construir nuestro personal punto de vista del mundo resulta de una importancia imperiosa, no tanto para diferenciarnos, sino para escapar de las inminentes manipulaciones. Y aunque en apariencia podemos escoger lo que queramos, no elegimos lo que pensamos, sino lo que en gran medida la tendencia nos ha hecho elegir. Parece que podemos diferenciarnos, sentirnos de una originalidad inaudita, pero, esta solo es emblemática, es solo aparente. La identidad no es un uso, no es un mostrarse, la verdadera originalidad debería ser la reflexión de lo que somos, la observación y confrontación constante de una realidad que nos cuida de la culpa y la desgracia, pero que, paradójicamente, al volvernos felices corderos, nos obliga a pensar, sentir, desear y actuar de una sola manera.

Esta es la era del repetidor. Aunque tenemos miles de millares de ideas, “formas y estilos” de vivir, el repetidor se acomoda a una realidad que lo apabulla, que lo comprime. Si en el Renacimiento, la imagen de la locura era la actitud rebelde que ponía en crisis a una sociedad esclavizada por el paradigma, en la era actual el paradigma es no preocuparse jamás, desentenderse. En el mundo actual hay cosas que se deben de hacer, por el simple deber de la presión, por el simple actuar inconsciente del colectivo y si no lo hacemos genera en nosotros el abandono, el rechazo, la discriminación. Nadie piensa entonces en el porqué, ya que pensar en ello es ser un eterno aguafiestas. Y entonces mi opinión del mundo resulta ínfima ante la opinión de la masa que se protege de pensar. Se viene a mi mente entonces Navidad, por ejemplo. No pensamos la Navidad porque ya nos han enseñado lo que es. El comportamiento de las personas, aunque resulte diverso y de libre albedrío está casi siempre encerrado en el mismo paradigma: Consumir. Dar amor, dar regalos, una cena, una serie diversa de tradiciones todas cercanas a la unión. Sin embargo, vuelvo a repetir, no pensamos la Navidad, porque ya sabemos que es. Las ideas no son nuestras, sino que nos han sido entregadas como instrucciones. Creo, profundamente, que el pensar original y por ende auténtico, tiene como primera característica la responsabilidad de la consecuencia. No podemos decir que alguien piensa o reflexiona, si no advierte el peso de la responsabilidad. Quien piensa, en suma, es quien ha logrado entender que ideas y realidad deben estar conectadas significativamente. Cada día son menos las personas que al vivir entienden que lo que hacen en eso que llamamos realidad cotidiana tienen consecuencias y que existen relaciones que escapan del pensamiento masivo. Lamentablemente, el mínimo comentario, el cuestionamiento aislado, personal, auténtico, es asfixiado por el “gran pensamiento”, que los mass media ofrecen a una audiencia que no cuestiona, sino que simplemente se constituye y actúa fluyendo infinitamente.

Entonces, volviendo a la idea del repetidor, este sujeto muy de hoy es quien dice lo del otro sin entenderlo, sin haber puesto en tela de juicio las creencias que generaron el pensamiento ajeno. Por ejemplo: Hace unos días un niño de la escuela donde laboro se tropezó y empezó a llorar. La profesora diligentemente lo trató de calmar y el niño se calmó. La profesora terminó diciendo: “No debes llorar, porque los verdaderos hombres no lloran”. Aunque la profesora lo pudo decir sin pensar o con la finalidad de callar al niño, esta simple frase hecha, contiene más que pensamiento, el adoctrinamiento. Llorar supone una rebaja, llorar supone que no soy “un verdadero hombre” y como llorar es una demostración natural de mis emociones desbordadas, no debo hacer eso pues no perteneceré a los “hombres verdaderos” que deben en suma ocultar sus emociones. Lo que quiero decir con este ejemplo es que quien es repetidor no aporta ningún significado a lo que dice, porque este al decirlo no ha profundizado jamás en lo que, quizás, también le dijeron. Lo que dice un repetidor solo tiene como finalidad “calmar”, generar la estabilidad y el equilibrio paradigmático. El repetidor, en pocas palabras, solo desea que todo esté como esté.

Vivir, en consecuencia, es la capacidad no para deslizarnos por el mundo, sino para que podamos entenderlo y poder vivir con autenticidad. A pesar de que miles de personas en el mundo piensan igual actúan igual y hasta aman igual, cada vez es más difícil la unidad, la intimidad. Lo digo porque intimar es encontrar el lado más personal del otro, pero si este otro es solo una copia de lo mismo, la intimidad resulta frustrante. Es la paradoja de la masa: El empobrecimiento de lo humano y el enriquecimiento de la cosa, del instrumento. Muy al contrario, el que se distancia y reflexiona, quien vive en el mundo y no es aplastado por la moda y la masa, quien construye (con mucho esfuerzo) sus propias ideas y sobre todo se hace responsable de sus cuestionamientos y de su mundo, es más probable que logre la intimidad con el otro, pues, antes que usarlo o manipularlo para el placer, lo reconoce y lo hace suyo, porque vive entendiendo lo que vive, antes que solo consumir y quedar satisfecho.  

1 comentario:

  1. Comparto mucho de lo que decís en cuanto a pensar y tener ideas, y lo duro que puede resultar esto, más en estos tiempos, en que la gente no vive en función de este trabajo de tener o rumiar o pensar sobre las ideas, o pensar sobre lo que vive y experimenta mentalmente, sencillamente porque la gente hoy por hoy solo vive en función de increíbles y fugase estímulos.

    Que se suceden unos tras otros mientras nos fascinan cautivan casi a la velocidad de la luz, en tanto hoy se vive persiguiendo imágenes, como víctima y cautivo de las mismas, de los mismos estímulos fugases de las imágenes, que se le suceden se le advienen a su mente a todo individuo fuertemente conectado.

    Y que le motivan a una pronta y rápida satisfacción, para entrar rápidamente en la persecución de las sucesivas, en tanto se vive en una banal y muy trivial teatralización como representación fisca corporal de las mismas mental y físicamente .

    Que alguien anacrónicamente se desvié de esto fluidez, se salga desvié de la sucesión de imágenes, se salga y excluya del mundo, se auto margine de la totalidad, con la que se protagoniza a nivel mundial una estrepitosa aceleración del mundo hacia la banalización total.

    Sencillamente porque se pone a pensar sobre que significa pensar, realmente compañero esto sería un fenómeno extraño, como tan extraño y a contramano seria el comportamiento de tal sujeto.

    Como tú te percatas en este trabajo aparentemente hemos quedado relegados del mundo a un costado en la banquina, angustiados he impotentes, totalmente descartados.

    Un abrazo igual y a seguir insistiendo, que los que se desvían del camino suelen vivenciar cosas únicas.

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