lunes, 29 de junio de 2015

Brevísimo comentario sobre la diversión y la cultura - Paolo Astorga

Brevísimo comentario sobre la diversión y la cultura



Escrito por: Paolo Astorga


“La esencia de la diversión es olvidar, es despojarse del peso de la reflexión y vivir en una felicidad aparente que se puede comprar. La felicidad se convierte en un bien privado y adquirible, pero, con fecha de caducidad. La felicidad es el aquí y ahora, es una finalidad alquilada, un momento.”


Nuestro sistema tiende a la dicotomía diversión versus aburrimiento. Nuestra vida moderna gira en torno a estas dos ideas, a estas dos tendencias, a estos dos síntomas. Divertirse es una necesidad imperiosa sobre todo en las sociedades hiperindustriales, allí donde el rendimiento y el trabajo son extremadamente importantes. Sin embargo, divertirse en nuestro sistema se reduce a un simple consumir. ¿Quién puede divertirse sin consumir? Nadie. Divertirse en nuestro sistema consiste en el disfrute, en el placer. Huir del aburrimiento que nos genera angustia y melancolía es la tendencia universal. Estar aburrido es ser un paria, es ser el hombre más triste del mundo, el apestado, la nada. En cambio el que se divierte, el que está en un estado de alegría constante suele sentirse más “vivo” que los demás. Sin embargo, quien vive para la diversión, es decir, quien usa el fruto de su trabajo solo para perderse por los vericuetos del placer y el regodeo consumista, busca sin duda olvidar, diluirse, desaparecerse y hacer que desaparezca la angustia del pensar, del encontrar un sentido a la vida misma. Vivimos, en tiempos donde resulta muy necesario negar el dolor, negar los vacíos, negar la misma negatividad que nos hace reconocer nuestras angustias ante la muerte, ante el destino, ante el significado de nuestros propios actos.

La esencia de la diversión es olvidar, es despojarse del peso de la reflexión y vivir en una felicidad aparente que se puede comprar. La felicidad se convierte en un bien privado y adquirible, pero, con fecha de caducidad. La felicidad es el aquí y ahora, es una finalidad alquilada, un momento. Resulta imperioso no solo divertirse, sino sofisticar la diversión, actualizarla constantemente con la finalidad de no perder el estado feliz, es decir, el olvido. Sin embargo, es necesario que el hombre moderno sienta un profundo aburrimiento, que sufra de tristeza y que se sienta incompleto y mediocre. Es aquí donde la moda juega su papel predomínante, pues, es la que le ofrece a este ser “incompleto” la posibilidad de ser si se tiene, la posibilidad de regresar a la diversión, a la felicidad.

Si tengo un auto último modelo, si tengo el dinero suficiente para comprar un televisor de setenta pulgadas, si tengo para una mansión, si puedo comprar todo lo soñado, entonces, supongo que mi vida es perfecta, que mi relación con el mundo es la de un hombre extremadamente exitoso. Soy feliz, porque tengo la felicidad, porque al consumir la diversión me hace olvidar toda la negatividad que resulta de reflexionar, de tomar conciencia, de darme contra mi propio hedonismo, mi vacuidad.

Y es que la cultura misma prepondera la ascensión social, el prestigio y la felicidad como propósitos meramente económicos. Tener es la forma en la que me hago partícipe de la sociedad. Trabajar para tener es el signo más patente de nuestra actualidad. La gran mayoría hoy trabaja para pagar deudas de objetos que compraron al crédito y que disfrutan, pero que no les pertenecen del todo. Compramos con la finalidad de sentirnos mejor, de progresar. Un televisor nuevo es progreso. Comprarse un nuevo bolso es progreso. Tener las últimas zapatillas de moda es el progreso. El progreso es comer en buenos restaurantes, el progreso es tener unas vacaciones en Cancún. Sin embargo, ¿por qué pensar no es progresar? ¿Por qué tener conciencia no es progresar? La cultura de nuestro sistema imperante es la del consumo. Se consume todo. Podemos comprar y vender amor, cultura, educación, tiempo, felicidad, etc. Sin embargo, hoy nos urge que estas transacciones económicas, que los “productos” que se nos ofrecen para escapar del aburrimiento sean más sofisticados. No obstante, también es necesario que no se elimine de forma permanente la angustia y la melancolía, ya que si estas se eliminaran, no habría una necesidad de escape y, por ende, una necesidad de consumo.

En suma, en estos tiempos donde cada vez es más difícil escapar a la necesidad de decir, de mostrar y de acercar. La indiferencia y la incomunicación despliegan sus armas divisorias. Por ello, nos urge pensar, nos urge entender que no hay escapes superfluos, que no se puede huir, pues esto solo acrecienta el desgaste. Creo que en un mundo donde todo se muestra cada vez más tenso e inestable queda solo mostrar nuestra más profunda sinceridad y enfrentarnos con nuestros propósitos. Urge inventarnos una vida y aprender a detenernos cada vez que sea necesario. Nuevamente, el gran hito, el quiebre, es escapar de la adaptación y buscar la transformación. La vida no es un tránsito, sino una posibilidad que se va construyendo, que se va dotando de significado.  

1 comentario:

  1. ENFOQUE MERIDIANO DE NUESTRO TIEMPO, LLEGANDO NUESTRO ENTORNO HASTA SER UN CARROÑERO... Y ¿LA CULTURA?. MI ABRAZO PAOLO.

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