lunes, 27 de julio de 2015

Brevísimo mensaje a la nación - Paolo Astorga

Brevísimo mensaje a la nación


Escrito por: Paolo Astorga


“Los valores se enseñan con el ejemplo en el hogar pero, lastimosamente, es el hogar muchas veces la fábrica de violencia que genera la destrucción de lo comunitario.”


Alberto Flores Galindo en el libro La tradición autoritaria. Violencia y democracia en el Perú (Sur Casa de Estudios del Socialismo, 1999) dice: “Democratizar el Perú significaría construir otro tipo de relaciones sociales y otra forma de organizar el poder. La democracia exige la revolución social. Esto es así no sólo porque existe pobreza y miseria, sino sobre todo porque cada vez se admite menos la desigualdad.” (p. 71)

Galindo es concreto: Nuestra sociedad que quiere vivir en democracia debe desparecer las brechas de desigualdad y no solo la pobreza económica, sino se infiere que también debe desaparecer la pobreza moral. Y es que es importante reflexionar sobre el siguiente punto: ¿Somos los peruanos lo suficientemente capaces para cambiar nuestra paupérrima realidad? ¿Tenemos identidad como nación? ¿Qué es ser peruano? ¿Qué es hacer patria? Estas preguntas siempre son incómodas porque no se las puede responder sin tocar la herida y hacer saltar la pus.

En estas fechas donde se rememora nuestra independencia, observo con mucha desazón que la idea colonizadora aún es muy profunda. Nuestros problemas más profundos como sociedad, no están solo en lo económico, sino en lo moral, es decir, en nuestras actitudes como ciudadanos. La democracia existe, pero no existe la conciencia democrática o si es que existe, es muy vulnerable. Veo, por ejemplo, con mucha tristeza que lo primero que se enseña en las escuelas cuando hablamos de nación, de patria o de democracia, es el amor (obligatorio) a una serie de símbolos que a veces no dicen nada o son profundamente contradictorios. Aunque estamos ya en pleno siglo XXI, aún la realidad de nuestro país diverso no es tomada en serio por los gobernantes, ni por los propios ciudadanos. Un muchacho de escuela, me preguntó si era necesario cantar el Himno Nacional en formación. Yo le dije que no, que no se puede amar lo que no se conoce. Y es verdad, cómo podemos hablar de nación, si muchas veces somos unos desconocidos los unos de los otros y nuestro conocimiento recíproco es, casi siempre, sustituido por los estereotipos insertados por los medios de comunicación y no por un conocimiento respetuoso y con ánimos de construcciones identitarias los unos de los otros.

El gran problema de nuestra “independencia” es que aún nuestro pensamiento es colonial. Nuestras malas actitudes solo demuestran que la gran mayoría aún no entiende que vivimos en un estado de derecho y que al ser ciudadanos debemos vivir éticamente. Sin embargo, esta utopía que creemos como democracia exige que construyamos nuevas relaciones, que corrijamos nuestras incoherencias y desaparezcamos nuestras desigualdades. No obstante, el gran principio del cambio empieza siempre por uno mismo. A mi alumno, al que me preguntó si debía cantar el Himno en formación, le decía que antes de cantarlo debía hacer patria. ¿Cómo? Hacer que su vida sea provechosa. No dejarse llevar por la seducción de lo fácil, por la mezquindad de las modas o el placer de la indiferencia. Ser peruano debe ser un acto heroico contra la marginación, hacerse a uno mismo y dejarse de vacilaciones. Sin embargo, cómo podemos sentir orgullo de lo nuestro, si no lo conocemos o si no producimos algo que sea digno de orgullo. Lamentablemente, la masa, siempre controlada sentimentalmente por los medios, se ha acostumbrado a la violencia y esta costumbre ha devenido en una desconfianza, en una mediocridad que envenena las mentes y los anhelos de progreso, de desarrollo.

Por eso la ley es un “saludo a la bandera”, un símbolo, mas no una realidad. Si yo soy un desigual, un negado, la ley no me es importante y por ende mi informalidad es una forma de supervivencia. Los valores se enseñan con el ejemplo en el hogar pero, lastimosamente, es el hogar muchas veces la fábrica de violencia que genera la destrucción de lo comunitario.

El problema no solo es estrechar las brechas económicas, sino también mejorar la calidad de ciudadanos. La educación es la llave, pero la educación no está solamente en las cuatro paredes de un aula, sino en la misma sociedad que debe entender que es ella la que debe construir su propio futuro. ¿Somos libres? Pues sí,  siempre y cuando aprendamos a ser autónomos, a vivir nuestras propias vidas y a aceptar las consecuencias de nuestros actos. No se puede pensar otro futuro, que la utopía de la mejora. La esperanza es trabajo y no solo me refiero al trabajo de réditos económicos, sino el trabajo de transformación moral por medio del ejemplo. Creo, sin temor a equivocarme, que esa es la verdadera independencia y la verdadera igualdad: Entender que ser peruano es amar lo diverso y respetar al otro como nos gustaría ser respetados.

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