martes, 4 de agosto de 2015

"La rosa negra" de Harol Gastelú Palomino - Paolo Astorga

La rosa negra

La rosa negra
Harol Gastelú Palomino
(Editorial Ámbar, 2015)


“Los relatos de Harol intentan escapar del tedio sumergiéndose en la misteriosa magia de lo cotidiano. Asistimos, pues, a una contemplación de lo fantástico como una forma de escape, pero también como una develación de nuestros propios anhelos.


Escrito por: Paolo Astorga


La rosa negra (Editorial Ámbar, 2015) del escritor peruano Harol Gastelú Palomino (Huancavelica, 1968) nos ofrece siete cuentos cuya temática común son los desdoblamientos. Las narraciones manejadas con un lenguaje directo y ameno, nos demuestran la solvencia narrativa de Harol cuando se trata de enhebrar ficciones. “La rosa negra”, cuento que le da nombre al conjunto de historias, es un ejemplo de ello. El cuento gira en torno a la costumbre de “visitar a los muertos” al cementerio. El protagonista se encuentra con una muchacha que le está llevando flores a su tío abuelo muerto. La narración cobrará un giro inesperado cuando asistamos al primer desdoblamiento. El protagonista, será el difunto al que tanto se busca.

En “El otro” -quizás el cuento mejor logrado del conjunto-, el juego de los desdoblamientos se ve de manera más patente. Aquí la teoría de los “gemelos” se presenta como “el otro yo”. El protagonista vive una vida de perros, desentendida de la ternura del pasado. Por ello, encuentra a su otro yo y lo usurpa, ya que éste vive una vida diametralmente distinta a la de él. La trama se desarrolla como una transformación, como una simbiosis, una desesperada fórmula para ser ¿feliz?: “Hoy vivo feliz. Mi mujer está esperando nuestro primer hijo, o el tercero, porque ahora yo soy él”.

Y es que estos relatos buscan eso: ser la proyección de nuestras fantasías, la realidad reproduciendo su necesaria revelación. Los relatos de Harol intentan escapar del tedio sumergiéndose en la misteriosa magia de lo cotidiano. Asistimos, pues, a una contemplación de lo fantástico como una forma de escape, pero también como una develación de nuestros propios anhelos. Abrimos el pecho a la realidad para encontrarnos con nosotros mismos. Es esta la tendencia en “Sirenas”, historia donde los protagonistas construyen el mito con sus propias ensoñaciones y que luego la realidad se les abre para disfrutar de sus fantásticas visiones. Las sirenas son la proyección de nuestros deseos y por ello, nuestra tendencia a la fusión.

Pero quizás la parte más moral del conjunto sea “Examen final” donde la narración va in crescendo. El escenario: la clase de música, un examen final. Fabiola, que no ha practicado la lectura del pentagrama para tocar su flauta, empieza un viaje psicológico (filosófico) en constante tensión. La metáfora de la lucha entre David y Goliat, entre el héroe (Fabiola) y el Dragón (Harol) son interminables. No obstante, es magistral la narración que nos deja ver nuevamente la teoría de los desdoblamientos. Fabiola cree que su profesor es terriblemente malvado (lo es) e intenta rememorar al alter ego del mismo (Lobito, un profesor permisivo e indiferente). Un juego psicológico y moral se desata a lo largo de la narración hasta la culminación del martirio. Fabiola debe tocar, oh ironías, El himno de la alegría. Sin embargo, ella reconoce que no ha estudiado. Para su suerte el profesor la trata diferente, la ayuda a calmarse, le enseña a tocar y ella se da cuenta de que “por gusto se había preocupado”.

En suma, los cuentos de La rosa negra nos ofrecen la visión de un mundo misterioso y contradictorio. El juego con la realidad hasta poder doblegarla es el logro supremo de este conjunto de relatos. Todos los personajes sufren sus deseos y eso los desdobla, los hace otro yo. Sin duda, un libro ágil y de fácil lectura que termina por dejarnos un hálito reflexivo: La vida es siempre multiplicidad.

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