domingo, 30 de agosto de 2015

La sociedad de la positividad - Paolo Astorga

La sociedad de la positividad

Escrito por: Paolo Astorga


“La positividad aniquila cualquier deseo de pensar, de lentificación, de contemplación de las cosas que genera su contraparte que es en este caso la negatividad que tiene como eje central el cuestionamiento por medio de la observación, la reflexión y el pensamiento.”



En el libro La sociedad del cansancio (Editorial Herder, 2012) de Byung-Chul Han el autor nos enfrenta ante una realidad que para nadie es un secreto: La sociedad del rendimiento. Esta es una sociedad que vive obsesionada por el deseo de copar su tiempo con un sinfín de actividades, una hiperactividad donde el trabajo y el consumo es el signo central de todo el proceso social. La sociedad del cansancio es una sociedad que no es “controlada”, sino que se la ha dejado elegir y que el verdadero control, en todo caso, es el control de la actitud y no solo del cuerpo.

El libro plantea una dicotomía muy interesante: La positividad y la negatividad. Hoy por hoy vivimos en un mundo altamente positivo, es decir, aquel que se piensa como utopía, donde todo está bien, donde todo se puede solucionar, donde no hay ya ningún problema. La positividad se ha enquistado, se ha convertido en el modus operandi del hombre, porque para “sobrevivir” al mundo debemos desterrar tres actitudes esenciales de nosotros: La contemplación, la curiosidad y la reflexión. La positividad aniquila cualquier deseo de pensar, de lentificación, de contemplación de las cosas que genera su contraparte que es en este caso la negatividad que tiene como eje central el cuestionamiento por medio de la observación, la reflexión y el pensamiento. Pensar resulta poco práctico en un mundo donde la supremacía de la tecnificación define nuestra identidad y la superficialidad es nuestra forma más común de convivencia. La negatividad que genera el pensar resulta angustiante y melancólico, porque el que vive desde la negatividad en “un mundo feliz” está condenado a la responsabilidad de lo que ve, está condenado a actuar. Muy por el contrario el que vive en la positividad del mundo actual, no elige aunque elija y no actúa aunque parezca que el trabajo lo hace actuar. Actuar para el ser positivo es solo cumplir una tarea, en cambio, para el que tiene consigo la negatividad, vivir resulta siempre una posibilidad que debe ser creada más no comprada, prefabricada.

Sin embargo, nuestra sociedad, una masa cuántica de depresivos, tienen ojos grandes, la boca al revés y los oídos han desaparecido. El hombre de la hipermodernidad, desea vivir una vida desde la metáfora del sobreviviente, del que se adapta a su nueva esclavitud que prohíbe los compromisos y elogia el confort.

Lamentablemente el mundo actual está tan lleno de cosas por hacer que nos ha convertido en seres multitarea, en hombres y mujeres de rutina que no pueden detenerse, que no desean detenerse por el temor profundo que genera la melancolía de la negatividad, de la reflexión, de las preguntas que no admiten códigos binarios de ceros y unos.

Y qué lejos estamos entonces de saber que el verdadero pensar es observar lo sencillo. Cada vez nos resulta más y más distante el sentido de la vida y la autenticidad, la conciencia que destruya el pensamiento alienante en esta inmensa sociedad de solitarios monos con smartphones que no pueden ya ni entender lo que dicen y solo se dopan con lo excelso, con la violencia de las apariencias y la velocidad que nos genera placer y un profundo rechazo a nuestra apabullante libertad.

1 comentario:

  1. Un abordaje claro de un problema que nos plantea la hipermodernidad.. El tema brinda la posibilidad de ser enrriquecido con otras miradas. Leerè el libro, y luego darè, si me lo permites, mi oponiòn. Muchas Gracias.

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