domingo, 16 de agosto de 2015

Una pequeña confesión sobre leer, crear y los bloques de Lego - Paolo Astorga

Una pequeña confesión sobre leer, crear y los bloques de Lego


Escrito por: Paolo Astorga


“La evaluación se ha limitado a volver estadística a un alumno, pero no a observar y aprender de su humanidad. Leer no consiste en saber responder preguntas, sino en aprender a formularlas, en lograr que el libro sea el pretexto para la reflexión, para la creación liberadora.”



Tengo muchos alumnos que están acostumbrados a los exámenes, sí, a esos exámenes normalizados por una tradicional batería de preguntas –casi siempre– cerradas y de opción múltiple, donde marcar es una actividad que va desde el “recordar una respuesta” hasta el “de tin marín, de do pingüe…”. No lo puedo negar: Estos exámenes, que para muchos son una necesidad para “evaluar” a un alumno, en el caso de lo que quiero evaluar resulta muy pero muy limitado. Me explico. Hace unos meses he empezado un pequeño proyecto que no tiene mucha rimbombancia: Que mis alumnos al leer un libro usen un cuadernillo y que en ese cuadernillo hagan todo lo que deseen a partir de lo que van leyendo. ¿Qué es lo que se puede hacer? De todo, dibujos, resúmenes, opiniones, poemas, cuentos, cuadros comparativos, diarios, mapas del recorrido del personaje, entrevistas ficticias al protagonista, canciones, adivinanzas, artículos de opinión, cambios de la historia y un gran etc. El cuadernillo es siempre una posibilidad para la creación, más allá del mero marcado, de la mera identificación “comprensiva” del texto.

Y es que una verdadera evaluación sobre todo en cursos de Comunicación, debe hacer primar el elemento creativo e imaginativo del alumno. En el caso de un libro, pongamos como ejemplo, El Túnel de Ernesto Sábato, hay una gran posibilidad para la creatividad. Se pueden hacer infinidad de actividades creativas: Un fichaje psicológico, un cuadro comparativo, un diccionario comentado con las frases más interesantes que Juan Pablo Castel usa, una entrevista “detrás del crimen”, etc. La novela no es solo ficción, no es solo un tema que debe encontrarse, sino es una posibilidad que debe construirse.

Entonces se me antoja usar la metáfora del Lego. Pero ¿Qué es eso? Simple: Todos en nuestra infancia hemos jugado con esos bloques de múltiples colores a construir una infinidad de estructuras (recuerdo las naves y robots que construía) y sobre todo la posibilidad que teníamos para dejar volar nuestra imaginación y creatividad. Pues bien, aquí está la metáfora: Un libro es un balde de ladrillos de Lego. ¿De cuántas piezas? Pues, de la cantidad que queremos. Un libro es siempre la posibilidad y leer es el proceso de la creatividad, de la construcción. No me gusta aplicar exámenes con preguntas “de comprensión” a los alumnos que eligen un libro para “leer”. Mi estrategia es usar un cuadernillo. ¿Qué es un cuadernillo? Simple. Digamos que el libro es un balde de bloques de Lego, pues bien el cuadernillo es el lugar donde vamos a construir nuestras estructuras creativas. ¿Cómo? Con mucha imaginación. Mientras más elaborada es la forma en cómo se aborda el libro, mucho más compleja resulta la capacidad y profundidad del pensamiento. Imaginar y crear es un reto, pues no es un acto mecánico, sino que supone una significatividad, dotar de sentido a lo que se crea y tener una finalidad.

Lamentablemente, se cree en la escuela que lo que se aprende debe de tener una evaluación lo más objetiva posible, por ello, la evaluación resulta siempre ser un diferenciador, más que una posibilidad del observar y el aprender. Escucho y soy partícipe de esa estresante actividad donde debemos llegar al “logro”, sin atender problemas más importantes como la formación de la autonomía, la libertad y la creatividad de los estudiantes. El logro, siempre lo he visto en un documento, pero muy pocas veces en la personalidad de los alumnos. La evaluación se ha limitado a volver estadística a un alumno, pero no a observar y aprender de su humanidad. Leer no consiste en saber responder preguntas, sino en aprender a formularlas, en lograr que el libro sea el pretexto para la reflexión, para la creación liberadora. No se busca que el alumno piense en homogéneo, sino que construya sus propias ideas. He allí donde la metáfora del Lego funciona: Las ideas son piezas de Lego que el alumno construye no porque siente que es la única forma de pensar, sino porque lo que construye es una expresión de lo que piensa, siente, es.

Por último, me gustaría confesar una de mis más grandes satisfacciones: Es hermoso leer lo que producen mis alumnos, en su libertad, en su necesidad. Me encanta ser su lector y disfrutar de sus creaciones. Más allá de la mera evaluación, soy un convencido de que cuando un alumno escribe sorteando a todos los monstruos que no le permiten ser él, es donde allí se vislumbra el verdadero logro: El uso del lenguaje no solo para ser etiquetado con una nota, sino, el uso de la belleza del lenguaje para ser y expresar lo que uno es. Lo demás es burocracia.

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