domingo, 13 de septiembre de 2015

Pensar es crear - Paolo Astorga

Pensar es crear

Escrito por: Paolo Astorga

“Personalmente, pensar es fundamental, porque nos permite entender que no somos simples números regados al azar. Pensar nos da la trascendencia no solo del conocimiento, sino de la creación.”



¿Para qué sirve pensar hoy? En la actualidad no es necesario, no es útil, no resulta importante. Quizás observemos que algunos piensan, que algunos, reflexionan, pero no todos lo hacen. ¿Todos deben pensar? Esta es una pregunta interesante. Personalmente, pensar es fundamental, porque nos permite entender que no somos simples números regados al azar. Pensar nos da la trascendencia no solo del conocimiento, sino de la creación.

Pensar es crear. Hoy en día podemos decir que la creación,  vista como la capacidad para observar, reflexionar, cuestionar y construir nuevas ideas resulta problemático y hasta “pasado de moda”. Nuestra sociedad no necesita seres pensantes, sino consumidores de productos nuevos. Necesitamos más personas que estén atentas a las nuevas ofertas de celulares, televisores, de computadoras, de ropa y zapatillas. Que cuestionen eso es terrible. ¿Por qué es terrible? Porque si yo cuestiono lo que todos hacen y lo ven como “normal”, he descubierto la artificialidad de lo normal y me voy a sentir diferente, me voy a dar cuenta que me pertenezco y de allí me viene la melancolía, la angustia y la imposibilidad de adaptarme. Sin embargo, si no cuestiono, si no pienso, soy poco más que una máquina que da y recibe, que acumula, y que entabla una relación con los demás solo porque así se establece. Hago lo que tengo que hacer, como lo que tengo que comer, pienso lo que debo pensar y todo va estar fenomenal.

Sin embargo, no he creado, sino que he sido creado. Me explico. No he creado mi propia visión de las cosas, del mundo, porque no me he responsabilizado de mis cuestionamientos, mis reflexiones –si las tuve–, no han apuntado a mi relación con el todo, sino solo he visto lo que sucede y no más. He sido creado, porque otro ha pensado lo que soy y lo que debo de hacer. Yo solo lo he tomado y lo he creído. Pero no he creado, es decir, no he pensado, no he tomado la iniciativa de ser quien quiere ser, ser mi proyecto.

Nadie piensa porque nadie quiere hacerse responsable de que no hay una única posibilidad. Tenemos temor a perder lo que tenemos, porque lo que tenemos nos brinda una fabulosa adaptabilidad, sin embargo, no se puede esconder la negatividad de la crisis que genera nuestra felicidad de inercia. Quien crea ha construido un mundo donde se cuestiona no para obtener respuestas útiles que nos hagan FELICES, sino, se crea, se piensa y se cuestiona para entendernos, para comprender que hay un movimiento constante que nos aplasta y nos quiere mantener dopados, tranquilos, felices, ¿para qué? Para que los intereses del poder se mantengan tal como están. El ser creado, es un ser que sabe cómo es el mundo, pero que no lo intenta transformar, no se atreve en lo más mínimo a generar la subversión que es CREAR. El mundo creado de hoy no es el de un poeta, sino el de un estadista, el de un economista.


Entonces nos viene el deseo de decir: ¿vale la pena pensar? Creo que más que pensar, es decir, observar, usar la razón y la lógica, establecer relaciones y saberes; la verdadera creación, el verdadero pensar, está en mantener las puertas abiertas para cuestionar lo que creemos y lo que creamos. Entender profundamente que la vida no es solo desplazarse como un tronco movido por la marea, sino que lo fundamental es vivir la vida teniendo la conciencia de que no existe un camino, sino mil millones de millones de millones de posibilidades y que somos nosotros (y no solo los otros) los que debemos entender y darle un sentido a eso que nos angustia, a eso que nos llena de una profunda insatisfacción, de una ardiente pasión por ser, antes que parecer y volvernos anónimos hombres invisibles.

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