domingo, 25 de octubre de 2015

Un brevísimo comentario sobre la simbolización y el significado - Paolo Astorga

Un brevísimo comentario sobre la simbolización y el significado

Escrito por: Paolo Astorga


“Toda simbolización supone un estado de procesamiento y un anclaje. Anclarse no supone de ninguna manera lo inmóvil o formarse una idea, es sino, una interacción de sentidos, es en sí, formar los sentidos y tener el criterio necesario de la creación de los significados.”


No es una novedad que cada vez asistimos a la pérdida de la capacidad de simbolización, es decir, al deterioro de la capacidad de abstracción. En primer lugar porque no existe una necesidad de reconocer que el mundo es diverso. Simbolizar supone construir un sentido de lo que observamos, pero si hemos dejado de observar ya no podemos simbolizar.

Hemos encontrado el orden, sin embargo el orden no es estable si no que se lo puede destruir o deconstruir para lograr encontrar nuevas posibilidades de significación de abstracción.

¿Por qué ya no simbolizamos? Porque vivimos una dictadura del desnudo absoluto, del alejamiento del hombre con la magia de la creación. Aunque es la naturaleza un uno con nosotros, no reconocemos que tenemos la posibilidad de crear. El posmodernismo anula las ideas de concretar teoría o más bien busca solo la dictadura del uso. Si esto sirve para aquello, ya no necesario buscar otros sentidos.

Toda simbolización supone un estado de procesamiento y un anclaje. Anclarse no supone de ninguna manera lo inmóvil o formarse una idea, es sino, una interacción de sentidos, es en sí, formar los sentidos y tener el criterio necesario de la creación de los significados. El que simboliza aprehende la realidad. Un niño simboliza no solo al adquirir su lenguaje, sino al modificarlo, al destruirlo. Podemos entonces entender el aspecto creativo de toda simbolización: La formación de un ritual, de un medio pensado y constituido para generar significados. Por ejemplo: El amor no puede simplemente objetivarse. El amor, aunque nuestro sistema lo proponga como un objeto, no es un simple determinar, no es un objeto de unívoco significado. El amor es siempre símbolo, digamos abstracción. Es símbolo, es decir, posibilidad para ser y seguir siendo según la capacidad del lenguaje y su plasticidad. Es, en suma, una posibilidad que espera el ritual, el significado, pero también el movimiento de la riqueza significativa, un actuar, un pensar.

Y sin embargo, nuestra sociedad se enclaustra más en la técnica, en el manejo de los objetos frente a su simbolización. La técnica anula el sentido de la posibilidad y muchas veces reduce el significado de los símbolos a ser unívocos, atomizados y pensados con un fin homogeneizador. Por otro lado, la simbolización supone una actitud significadora. El objeto es símbolo si es que este se transforma en un relato, en un ser activo. Puede haber allí una puerta, tan común y corriente, y sin embargo, la puerta es mi salvación ante el tedio del hogar. La puerta me permite escapar de mis problemas. Es solo cuando la puerta es un relato, una narración, cuando es simbólica.

No obstante los objetos hoy no llevan nuestro sello, sino que son ellos los que nos definen. Ya no le doy un sentido personal a las cosas, sino son las cosas las que me dan a mí el sentido. Simbolizar para el hombre resulta, como vemos, problemático. Y es así, porque simbolizar es antes que todo encontrar un sentido y comprometerse con el mismo. Es lo histórico, la suma del movimiento que se acumula en memoria, en significatividad. No es solo un fluir, no es un estímulo. La simbolización es un verter de sentidos, un anclaje con lo significativo. No es raro, por eso, que la tarea de interpretar la profundidad de las cosas se vea cada vez más lejana. Nuestra sed por lo significativo se ha reducido a una simple técnica de extracción, a un estímulo dopamínico. El placer por el sentir ha anulado nuestra capacidad de entender. No obstante la capacidad de razonamiento no solo se estanca en la simbolización, sino en el compromiso con eso que nosotros mismos construimos como significativo.

No es un secreto entonces que nuestra sociedad del conocimiento, gran productora y consumidora de conocimiento a una velocidad que supera todo pensar, todo imaginar, la simbolización es el criterio que nos permite la profundidad, la reflexión frente a nuestros actos significativos. Nos permite tener el suficiente criterio para el compromiso y la humanización del hombre que cada vez niega más su libertad y se convierte en un perfecto objeto de consumo y disfrute. 

domingo, 4 de octubre de 2015

El conocimiento prohibido - Paolo Astorga

El conocimiento prohibido
Una reflexión sobre un acto vergonzosamente cotidiano

Escrito por: Paolo Astorga


“Y es que el mundo de hoy no tiene ningún compromiso con lo que lo rodea. No le importa generar sus propias ideas, reflexionar y crear conocimiento. No le importa tampoco la conexión con la historia o la capacidad trascendental de simbolizar, de dotar de significado a su realidad. La vida misma es un discurrir mecánico donde lo importante es el tener, pero no preguntar la esencia, no cuestionar la misma realidad confortante y placentera.”


¿Hoy el conocimiento es prohibido? Me imagino que no, más bien hoy el conocimiento es apabullante. Todos producen “conocimiento” y este es difundido como cantidades ingentes de información. Tenemos, prácticamente, todos los medios para poder acceder al conocimiento, pero hay un problema que va más allá del mero acceso: La calidad de la información que manejamos. Quizás una de las primeras preguntas clave que nos debe mover es: “¿qué es lo que quiero conocer?” Conocer es hoy una tarea muy diferente respecto de la que se hacía cincuenta años antes. Los grandes motores de búsqueda han sofisticado las búsquedas y la cantidad de información a la que podemos acceder es tremendamente grande. Sin embargo, se va perdiendo con el tiempo una capacidad fundamental para la generación del conocimiento: El criterio de selección de lo que es relevante y lo irrelevante.

Cada día hay menos personas que tienen la capacidad reflexiva para discriminar entre la calidad de la información y la tonelada de basura informática que atiborran el universo académico tanto virtual como físico. Es más, noto que la información ya ni siquiera es procesada, contrastada, reflexionada, pensada. Nuestra actitud está evolucionando a una mecanicidad donde la información es significada a lo mucho desde su literalidad y se desconoce la profundidad de la misma.

De esta actitud que se acerca a un copiar y pegar tengo muchos ejemplos y quizás uno de los más gráficos es el siguiente: Un alumno mío tenía una tarea de investigación sobre el Muro de Berlín. El alumno, cuyo principal recurso es Wikipedia, realizó la búsqueda y, con poco entusiasmo, copió la primera parte de la información, no sin antes también guardar la foto del muro. En un archivo de Word pegó todo el contenido y cambió el formato. Un hermoso diseño colorido y una letra personalizada fueron el “plus” de su trabajo. El alumno piensa “listo, acabó”, pero, lo sabemos, el verdadero trabajo nunca empezó.

Y es que esta “tarea de investigación” es una constante que he podido observar, por lo menos, en la escuela. No hay significatividad, no hay ninguna actividad intelectual. La tarea es simplemente tener la destreza y la conexión a Internet para lograr terminarla. Sin embargo, el problema no está en la actividad en sí, sino en la actitud por el conocimiento. Se piensa que adquirir conocimiento es un acto de pura mecánica, nada más falso. El tema de la investigación sobre el Muro de Berlín no es solo una tarea, sino que se debe convertir en una posibilidad para construir conocimiento, para construir al ser. Digamos que nuestro estudiante no solo copió y pegó información, sino que se esforzó por leer la información y luego relacionarla con una o varias ideas. Digamos que las ideas con las que la relacionó fue “poder” y “dominación”. Nuestro estudiante no solo ha “buscado la información”, sino que le ha dado significatividad, sentido a su búsqueda. La información que ha procesado, que ha pensado, es ahora nueva o por lo menos personalizada. Su objetivo fue la reflexión, su objetivo apuntó a una finalidad que trasciende la mera mecánica: Pensar.

Ahora digamos que nuestro alumno en vez de solo copiar y pegar la información, redacta él mismo un artículo sobre el muro. Obviamente no puede dejar de ofrecer cierta información literal, pero su objetivo ahora no es simplemente exponer sobre el muro, sino opinar sobre las repercusiones políticas, sociales, económicas y culturales. Además ha pensado en una tesis adecuada y ha opinado de manera sencilla pero contundente sobre las ideas con las que relacionó el tema. ¿Qué ha pasado? Nuestro alumno no solo ha extraído información, no solo ha usado el recurso y lo ha plasmado “tal como está”, sino que ha construido un nuevo saber.

Y es que el mundo de hoy no tiene ningún compromiso con lo que lo rodea. No le importa generar sus propias ideas, reflexionar y crear conocimiento. No le importa tampoco la conexión con la historia o la capacidad trascendental de simbolizar, de dotar de significado a su realidad. La vida misma es un discurrir mecánico donde lo importante es el tener, pero no preguntar la esencia, no cuestionar la misma realidad confortante y placentera. Tener el conocimiento, pero sin la capacidad reflexiva para entender eso que se tiene, para transformarlo en ser, es la constante que se imparte, que es casi dogma. No obstante, investigar no es solo acopiar información, no es solo el análisis técnico de los datos, es, antes que cualquier trabajo de mecánica, un acto de sensibilidad para con el mismo mundo. Un alumno al que se le encarga, digamos, una pequeña investigación sobre la Segunda Guerra Mundial, no solo debe “encontrar” la información o “construir” un hermoso informe, monografía o ensayo. Es de suponer que este debe ser sensible ante el conocimiento que va construyendo. Entender en profundo lo que significa investigar el tema y su riqueza significativa. Lamentablemente, la gran preocupación es que la realidad no es la del constructor, sino la del reproductor que repite, pero no entiende. La indiferencia es la base de toda la educación actual.

En suma, soy un convencido que mientras más se les dé a los alumnos las herramientas necesarias para que estos puedan aprender a aprender y además generar compromiso con lo que aprenden, será mucho más fácil y significativo el proceso de construcción del conocimiento. Pensar y actuar, deben ser ejes fundamentales ante la indiferencia de lo hiperreal. La tarea principal es la de valorar el esfuerzo y la dedicación del trabajo individual, de la creatividad ante las situaciones problemáticas, pero sobre todo, hacer que nuestros alumnos tengan la conciencia de que viven en un inmenso mundo que solo podrá cambiar con sus ideas y acciones.