domingo, 8 de noviembre de 2015

Una reflexión sobre heroísmo y el cuestionamiento de un estudiante mío - Paolo Astorga

Una reflexión sobre heroísmo y el cuestionamiento de un estudiante mío

Escrito por: Paolo Astorga


“No importa cambiar nada, pues, lo importante es tener para obtener. La indiferencia de sus padres, la violencia en la que los ojos del enemigo se confunden con afecto, la gran presión del grupo de ovejas; devienen en ese escapar que resulta para ellos, sin duda, danzar eternamente con Dorian Gray.”


En un interesante corto animado llamado El héroe del cineasta mexicano Carlos Carrera, se aprecia a un hombre desplazándose por la estación del metro tratando de llegar entre la multitud a su anden y zarpar hacia su destino. En el camino podemos ver la gran indiferencia de la sociedad que se mezcla con la violencia y la represión. El protagonista al ver estos actos se va convenciendo de lo absurdo que es el mundo y –a diferencia de un malestar o de una explosión de frustración- un bostezo, sí, un bostezo es la metáfora de su realidad. Todos en manada, todos apretujados y deseosos de estar en sus mundos felices sin salir, sin pensar, sin arriesgar. Pero esto no es lo más interesante del corto. Nuestro protagonista mientras espera el tren para que lo lleve a su destino se percata de una hermosa joven cuyo rostro denota tristeza y melancolía. El protagonista es la única persona que se percata de la profunda depresión de la joven y de sus intenciones de suicidio (ella intentará saltar a las vías del tren para ser atropellada por este). Es aquí donde nace “el héroe”. Nuestro protagonista intentará acercarse a la joven para que no se suicide. Sorteando a decenas de personas en la atiborrada estación logrará acercarse a la joven y ¡salvarla! de que se arroje al tren. No obstante esta pegará un tremendo grito y nuestro héroe será confundido como un delincuente. La policía lo atrapará y se lo llevará. En ese momento otro tren se aproximará a la estación y la joven dirá “idiota” y se arrojará al tren suicidándose. Fin del corto.

Este hermoso film se me quedó en la mente por un buen tiempo, pero no se hizo tan patente como lo que me pasó hace unas semanas: Andaba yo dictando una clase –al parecer muy aburrida- cuando de pronto salió de la boca de uno de mis alumnos una pregunta espontánea, pero muy certera: "¿Profe, por qué se esmera tanto en criticar que muchos de nosotros vayamos a eventos o de que vayamos de juerga o que cambiemos nuestra actitud y seamos más reflexivos, si como ve, muy pocos le hacemos caso? Es como hacer que los chanchos vuelen, ¿no lo ve?”.

La pregunta me dejó frío, apasionadamente, frío. El muchacho tenía absolutamente toda la razón. Mis palabras, mis torpes palabras, ahora eran tan eficaces como la del protagonista de El héroe, servían solo para abanicar el viento, pero no eran influyentes. La pregunta es ahora: ¿Sirve realmente la reflexión? A simple vista, pues no sirve para nada. El mundo de hoy es perfecto. No hay ningún problema, pues no hay término –en apariencia- para la diversión. Y es más, perder el respeto por lo serio, por lo reflexivo, es una norma. El alumno había vencido.

Pero ¿acaso vencer constituye una verdad? Obviamente no. No es para nadie un secreto que los jóvenes viven en esa finísima línea entre los deseos y las responsabilidades. Mi respuesta, no muy satisfactoria, fue la siguiente: Ir de juerga, emborracharse, fumar o tener sexo, no es una causa de nada, es una consecuencia y más aún es un acto que debería sopesarse, que debería ir acompañado de una profunda responsabilidad. Sin embargo, creo que mis queridos “suicidas” no han entendido la responsabilidad y conciencia de la joven del corto ya antes mencionado. Ellos no son suicidas, sino solo ratas dopadas con azúcar. Buscan el disfrute, pero se esconden en la oscuridad que le ofrece lo prohibido. La rebeldía de su generación hace tiempo que dejó de lado los ideales por la ostentación de la moda, de la imagen. No importa cambiar nada, pues, lo importante es tener para obtener. La indiferencia de sus padres, la violencia en la que los ojos del enemigo se confunden con afecto, la gran presión del grupo de ovejas; devienen en ese escapar que resulta para ellos, sin duda, danzar eternamente con Dorian Gray.

Ahora bien, es estúpido pensar en héroes en este siglo de relatos terminados y de sujetos sin estar sujetos a nada. No hay mayor propósito que la emocionalidad del sentir, del nivel más puro de confort y alejamiento de lo real. Todo debe ser un acto suicida, pero seguro y con cero daños. Darse al otro debe ser exitoso reality. Es una perpetua búsqueda del Soma, esa droga de la “felicidad” que Huxley nos ofrece en Un mundo feliz. El pensamiento, la reflexión o la crítica resultan ser como nuestro héroe: insuficientes, tontas e imposibles.

Entonces vuelvo a una incómoda pregunta: ¿Vale la pena pensar, reflexionar o criticar? La respuesta es, por supuesto que sí. No obstante, no se trata de ninguna manera del pensamiento como prohibición de lo que nos parece inadmisible. Pensar no es prohibir (que es lo que sintió mi alumno al cuestionar mis críticas a sus fiestas o eventos de fin de semana), sino hacer ver un punto de vista, cuestionar en profundo aquel mecanismo que se ofrece, pero sobre todo, aquel que se oculta o se hace “aparente”. ¿Por qué vas a esos eventos? ¿Por qué bebes si eres aún joven? ¿Por qué quieres estar con varias chicas? ¿Por qué quieres vestir con esa ropa que todos usan? Pensar, sin duda, es tremendamente incómodo y como lo es, le resulta imposible o tremendamente abrumador (por no decir aburrido o peligroso) al resto de seres que se han acostumbrado a copiar un estilo de vida que los ha hecho felices.

De esta manera vuelvo al corto animado: ¿Qué sería del mundo sin el héroe, por más insuficiente que resulte su trabajo? Aunque la muerte mueve al mundo, aunque la superficialidad y la opulencia lo doten de sentido, pensar es morir en nuestras ideas para trascender el absurdo que nos rodea. El alumno que me cuestionó, hizo aquello que muchas veces creyó despreciar: Pensó. Porque pensar no es tener una pose de intelectual, de sabelotodo. No. Este alumno pensó, porque estableció una relación con su vida y con su realidad y cuestionó lo que el otro decía como si fuera una única verdad. La pregunta que él lanzó, no solo generó un acalorado debate sobre ser y actuar, hizo que me formule más preguntas y que entienda un poco más la complejidad de nuestras acciones, pero también las profundas frustraciones en las que se ve sometida la juventud actual. El suicida de hoy ya no se mata, ya no busca la muerte como una salida, simplemente se hiperconecta, satura su tiempo y se embarca en ese tren de la distracción que lo mantiene en el siempre placentero stand by.

Un héroe, busquemos un héroe.


1 comentario:

  1. los adolescentes queremos vivir mas con riesgos, experiencias, queremos ser independientes, ya no somos pequeños que nos mandan por cualquier cosa ahora ya preguntamos ¿y porque yo?, ya no obedecemos como antes, nos volvemos flojos; pero ¿para que estan los padres?. los padres nos deben guiar aconsejar, hacernos ver las consecuencias, que se yo, con los castigos, las prohibiciones, estamos con toda la adrenalina y ellos nos pueden frenar. no nos damos cuenta de nuestro comportamiento cuando ya es tarde. Me gusta ver peliculas y mi madre me hace reflexionar o encontrar los errores de los personajes que por sus conductas malas se perjudican.
    por eso ser padre, ser profesor no es facil, tenganos paciencia y continuen aconsejandonos, de 10 alumnos que escuchen, solo tres cambian, estan haciendo algo. gracias.
    Estefano Moreno 2do año

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