lunes, 30 de mayo de 2022

LA CRÓNICA PERIODÍSTICA: Definión, características, estructura, tipos y ejemplo

 

LA CRÓNICA PERIODÍSTICA


VIDEO SOBRE EL TEMA:


1. DEFINICIÓN: La crónica periodística es un tipo de redacción de no ficción que se caracteriza por relatar, de manera ordenada y detallada, ciertos hechos o historias. La crónica periodística se diferencia de la noticia, pues esta amplía los hechos y los aborda desde una perspectiva más subjetiva, usando diversos recursos estilísticos y una visión particular de los acontecimientos.

 

2. CARACTERÍSTICAS DE LA CRÓNICA PERIODÍSTICA:

Las características más importantes de la crónica periodística son:

Es un relato: Narra en forma detallada, subjetiva y secuencial un suceso o historia, capaz de llamar la atención de los lectores.

Están destinadas Público amplio: Las crónicas están destinadas generalmente a un gran público interesado en conocer al detalle el suceso narrado.

Posee un lenguaje sencillo: La crónica debe estar redactada con un lenguaje accesible para toda clase de lector.

Aborda diversidad de temas: No existe un determinado tema del cual puede tratar. Existen crónicas periodísticas que tratan temas sociales, políticos, económicos, policiales, deportivos, etc.

Es minuciosa: Debe procurarse relatar la historia sin perder detalle alguno.

Utiliza recursos estilísticos: La crónica periodística suele usar diversos recursos estilísticos como metáforas, comparaciones, descripciones, etc., para hacer más expresivo el texto, así como para ofrecer al lector una visión particular de los hechos o personas de las que habla.


3. ESTRUCTURA DE UNA CRÓNICA PERIODÍSTICA:

La estructura básica de toda crónica periodística es la siguiente:

El título: Es el encabezado de la crónica y nos introduce al tema de la misma.

Introducción o entrada: Es la parte inicial o la presentación de la crónica. Se ofrece un contexto a la historia que se va a contar.

Cuerpo: Es la parte más extensa de la crónica. Aquí se relata la historia, además de aportar datos que permiten entender mejor lo sucedido. El escritor debe centrarse en los detalles y desplegar recursos estilísticos necesarios para mantener la atención de los lectores y cautivarlos.

Conclusión o cierre: En este punto se resume la historia y se puede culminar con una frase original o un mensaje referente al tema.

 

4. TIPOS DE CRÓNICAS PERIODÍSTICAS:

Existen varios tipos de crónicas periodísticas.  A continuación, mencionaremos las más comunes:

La crónica informativa o de sucesos: Busca ampliar la visión sobre un acontecimiento o noticia.

La crónica social: Busca relatar historias con carácter humano.

La crónica histórica: Busca relatar un acontecimiento histórico.

La crónica opinativa o interpretativa: Aquí el cronista informa y opina simultáneamente. Busca analizar los hechos y llegar a una interpretación.

La crónica de viajes: Relata un viaje en el que el periodista tomó parte, o recompone los viajes de alguna personalidad de interés.

La crónica de guerra: Es un relato, generalmente contado con crudeza, de los acontecimientos y desenlaces de enfrentamientos sangrientos dentro de un conflicto.

La crónica policial: Se orienta especialmente en la narración de algún hecho de índole criminal y su desenlace.

La crónica deportiva: Está relacionada con la narración de los acontecimientos ocurridos en una actividad deportiva, por ejemplo, la crónica de cómo la selección peruana llegó al mundial de Rusia 2018.

La crónica cultural: Detalla el desarrollo de algún evento cultural o artístico.

A continuación, te comparto algunos aspectos a tener en cuenta para escribir una crónica periodística:

 

5. ALGUNOS ASPECTOS A TENER EN CUENTA PARA ESCRIBIR UNA CRÓNICA:

✔ Primero debemos elegir un tema. Puedes partir de un acontecimiento reciente.

✔ Busca información al respecto y céntrate en los detalles.

✔ Al redactar tu crónica, primero ofrece un contexto a tus lectores para luego profundizar en el relato.

✔ Ofrece detalles y valoraciones que enriquezcan tu relato.

✔Concluye tu crónica con una frase final que emocione a tu lector o haga que se identifique aún más con tu relato.

 

Para consolidar todo lo antes mencionado, leamos y analicemos la siguiente crónica periodística:

 

EJEMPLO DE CRÓNICA PERIODÍSTICA:

AZUCENAS DE LUTO
De cómo una muchacha casi se convierte en flor de pura coincidencia
Por: Ingrid Silva


Siempre hay azucenas en los velorios, y en este lugar todos los días hay velorios. La muerte es uno de esos nichos de mercado en el que siempre existirá una enorme demanda. La madre de Azucena lo intuyó sin tener un doctorado, hace más de 25 años, cuando decidió dedicarse con su esposo al negocio de las flores. Su puestito de flores estaba, en los años 80, cerca de la Plaza de Acho y de la casa donde Azucena nació. A su madre siempre le gustaron esas flores, tal vez porque son las que más se vendían y por eso le puso el nombre a la hija.

La madre se mantuvo firme a los pétalos y le enseñó a su hija cómo hacer lágrimas. Azucena las hace de cualquier color y tamaño, depende de lo que los deprimidos clientes le pidan. Las únicas lágrimas que no ha podido dominar son aquellas que suelta como niña cada vez que recuerda a su padre, mirándolo inerte en la Morgue Central de Lima.

Su muerte fue como un mal chiste de velorios. Don Arnaldo dejó las flores por las combis hace seis años, y sí que es irónico para un florista de coronas que justamente sean las coronas de la combi Kia que manejaba las que provocaron que se rompiera la dirección y se estrellara con la pared de una casa. La única azucena en el velorio era ella, sentada junto a su madre, regada por sus propias lágrimas.

Ha pasado un buen tiempo ya de eso, lo suficiente para dejar de llorar todo el tiempo. A los 21 años, después de muchas coronas y lágrimas, los dolores son más lejanos. Sus manos son fuertes, casi pétreas. "De tanto cortarme con las espinas o las hojas... a veces me da vergüenza dar la mano. Me gustaría tenerlas más femeninas". En realidad ella es muy firme. Mide como un cirio de los que prende antes que los familiares de los muertos entren al velatorio. Y es que a fuerza de ser conocida en el velatorio de CAFAE, cerca del Estadio Nacional, entró hace un par de años a trabajar ahí.

Sus ojos no brillan mucho en el trabajo, es como si la mirada tenue y respetuosa, casi melancólica, fuera parte del uniforme azul marino que utiliza. Es muy bonita cuando se arregla. Eso dice Andrés, su enamorado. Se conocieron en un velorio que ambos preparaban, y cuando lo cuentan juntos no saben si reír o preocuparse. Ella lo ve sólo en el trabajo, porque su madre no sabe y es mejor así porque le diría a alguno de sus tres hermanos mayores que la vigilen.

Hace mucho que nadie la vigila. Es una chica muy independiente que se levanta a las cuatro de la mañana para ir con su madre al mercado mayorista de flores, después de prepararles el desayuno a los dos hermanos que aún viven en su casa. El otro se casó y regresó al pueblo de su padre, Aczo, cerca de Huaraz, en Ancash. Azucena quiere estudiar algo que la ayude a administrar el negocio. Ha pensado muchas veces en eso mientras barre los salones del velatorio.

Parece ser un trabajo fácil, pero a veces los familiares de los finaditos se molestan con ella porque aún no se han ido los clientes anteriores o el salón aún tiene alguna de las coronas que ya no entraban en el carro funerario. Además, la tristeza se puede convertir en un hábito, decía su padre cuando vendían afuera del cementerio El Ángel, y ella lo repite siempre.

Su vida llena de flores parece haberle otorgado una gran suavidad en sus movimientos. Por momentos, cuando las ordena y les habla, parece ser parte de una corona. Entonces, una entiende la imagen de la flor de loto que crece en el pantano. Aun cuando se molesta porque hay algo en desorden, Andrés la escucha como si viera, entre las muecas de disgusto, algo de naturaleza viva.

Azucena habla poco, se mueve lo necesario y pocas veces aparta la mirada del suelo. Sonríe cuando habla de su madre y cuando ve pasar a Andrés. Son las personas más importantes en su vida. No lo dijo, claro, pero basta mirar cómo mira las flores en el fondo del velatorio cuando habla de ellos. Y sabemos que cuando hablamos de quienes queremos, los buscamos con la mirada.

Nunca mira a los muertos que llegan, ella adorna el salón, prende los cirios, y camina despacio con la mirada uniformada, pensando en estudiar algo para enorgullecer a su padre y a su madre. Sale del velatorio casi de noche y espera a Andrés, caminan tomados de la mano y Azucena deja de ser nombre de flor para velorios.

 

Bien, luego de leer esta crónica periodística, analicemos:

El tipo de crónica que hemos leído es social, ya que se centra en la narración de una historia con carácter humano (la historia de Azucena, la vendedora de flores para velorio).

Podemos notar que la crónica mezcla narración con datos que nos permiten tener contexto. Además, se centra en la persona, su modo de vida, pero también la cronista pone mucha atención en los detalles del trabajo que ejerce Azucena. La periodista incide en el carácter insólito del trabajo relativo a la muerte. La muerte, que es dolorosa y que nadie la desea, es para Azucena, paradójicamente el sustento de ella y su familia.

La crónica despliega diversos recursos estilísticos que logran captar la atención del lector. Cuando la cronista utiliza estos recursos como descripciones o metáforas, lo hace con el fin de que podamos observar detalles de la vida de Azucena, es decir, no solo relata su historia, sino que la humaniza con el lenguaje.

 

Como vemos, una crónica periodística es un texto que nos relata historias de hechos o personas que van más allá del simple describir. Existen diversos tipos de crónicas, pero todas comparten lo narrativo como un rasgo esencial. En suma, la crónica periodística nos permite ampliar nuestra visión de un acontecimiento, hecho histórico o conocer las historias de personas interesantes dentro de nuestra sociedad.

 

INFOGRAFÍA SOBRE EL TEMA:


Paolo Astorga

Profesor de Lengua y Literatura

jueves, 12 de mayo de 2022

Cuento "La muerta" de Guy de Maupassant con actividades de comprensión lectora

La muerta

Guy de Maupassant


¡La había amado desesperadamente! ¿Por qué se ama? Cuán extraño es ver un solo ser en el mundo, tener un solo pensamiento en el cerebro, un solo deseo en el corazón y un solo nombre en los labios… un nombre que asciende continuamente, como el agua de un manantial, desde las profundidades del alma hasta los labios, un nombre que se repite incesantemente, que se susurra una y otra vez, en todas partes, como una plegaria.

Voy a contarles nuestra historia, ya que el amor sólo tiene una, que es siempre la misma. La conocí y viví de su ternura, de sus caricias, de sus palabras, en sus brazos tan plenamente envuelto, atado y absorbido por todo lo que procedía de ella, que no me importaba ya si era de día o de noche, ni si estaba muerto o vivo, en este nuestro antiguo mundo.

Y luego ella murió. ¿Cómo? No lo sé; hace tiempo que no sé nada. Pero una noche regresó a casa muy mojada, pues llovía intensamente, y al día siguiente tosía, y tosió durante una semana, y tuvo que guardar cama. No recuerdo ahora lo que ocurrió, pero los médicos llegaron, escribieron y se marcharon. Se compraron medicinas, y algunas mujeres se las hicieron beber. Sus manos estaban muy calientes, sus sienes ardían y sus ojos estaban brillantes y tristes. Cuando yo le hablaba me contestaba, pero no recuerdo lo que decíamos. ¡Lo he olvidado todo, todo, todo! Ella murió, y recuerdo perfectamente su leve, débil suspiro. La enfermera dijo: «¡Ah!» ¡y yo comprendí! ¡Y yo entendí!

Me preguntaron acerca del entierro pero no recuerdo nada de lo que dijeron, aunque sí recuerdo el ataúd y el sonido del martillo cuando clavaban la tapa, encerrándola a ella dentro. ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Dios mío!

¡Ella estaba enterrada! ¡Enterrada! ¡Ella! ¡En aquel agujero! Vinieron algunas personas… mujeres amigas. Me marché de allí corriendo. Corrí y luego anduve a través de las calles, regresé a casa y al día siguiente emprendí un viaje.

Ayer regresé a París, y cuando vi de nuevo mi habitación (nuestra habitación, nuestra cama, nuestros muebles, todo lo que queda de la vida de un ser humano tras la muerte), me invadió tal asalto de nostalgia y de pesar, que sentí deseos de abrir la ventana y de arrojarme a la calle. No podía permanecer ya entre aquellas cosas, entre aquellas paredes que la habían encerrado y la habían cobijado, que conservaban un millar de átomos de ella, de su piel y de su aliento, en sus imperceptibles grietas. Cogí mi sombrero para marcharme, y antes de llegar a la puerta pasé junto al gran espejo del vestíbulo, el espejo que ella había colocado allí para poder contemplarse todos los días de la cabeza a los pies, en el momento de salir, para ver si lo que llevaba le caía bien, y era lindo, desde sus pequeños zapatos hasta su sombrero.

Me detuve delante de aquel espejo en el cual se había contemplado ella tantas veces… tantas veces, tantas veces, que el espejo tendría que haber conservado su imagen. Estaba allí de pie, temblando, con los ojos clavados en el cristal –en aquel liso, enorme, vacío cristal- que la había contenido por entero y la había poseído tanto como yo, tanto como mis apasionadas miradas. Sentí como si amara a aquel cristal. Lo toqué; estaba frío. ¡Oh, el recuerdo! ¡Triste espejo, ardiente espejo, horrible espejo, que haces sufrir tales tormentos a los hombres! ¡Dichoso el hombre cuyo corazón olvida todo lo que ha contenido, todo lo que ha pasado delante de él, todo lo que se ha mirado a sí mismo en él o ha sido reflejado en su afecto, en su amor! ¡Cuánto sufro!

Me marché sin saberlo, sin desearlo, hacia el cementerio. Encontré su sencilla tumba, una cruz de mármol blanco, con esta breve inscripción:

“Amó, fue amada y murió”.

¡Ella está ahí debajo, descompuesta! ¡Qué horrible! Sollocé con la frente apoyada en el suelo, y permanecí allí mucho tiempo, mucho tiempo. Luego vi que oscurecía, y un extraño y loco deseo, el deseo de un amante desesperado, me invadió. Deseé pasar la noche, la última noche, llorando sobre su tumba. Pero podían verme y echarme del cementerio. ¿Qué hacer? Buscando una solución, me puse en pie y empecé a vagar por aquella necrópolis. Anduve y anduve. Qué pequeña es esta ciudad comparada con la otra, la ciudad en la cual vivimos. Y, sin embargo, no son muchos más numerosos los muertos que los vivos. Nosotros necesitamos grandes casas, anchas calles y mucho espacio para las cuatro generaciones que ven la luz del día al mismo tiempo, beber agua del manantial y vino de las vides, y comer pan de las llanuras.

¡Y para todas estas generaciones de los muertos, para todos los muertos que nos han precedido, aquí no hay apenas nada, apenas nada! La tierra se los lleva, y el olvido los borra. ¡Adiós!

Al final del cementerio, me di cuenta repentinamente de que estaba en la parte más antigua, donde los que murieron hace tiempo están mezclados con la tierra, donde las propias cruces están podridas, donde posiblemente enterrarán a los que lleguen mañana. Está llena de rosales que nadie cuida, de altos y oscuros cipreses; un triste y hermoso jardín alimentado con carne humana.

Yo estaba solo, completamente solo. De modo que me acurruqué debajo de un árbol y me escondí entre las frondosas y sombrías ramas. Esperé, aferrándome al tronco como un náufrago se agarra a una tabla.

Cuando la luz diurna desapareció del todo, abandoné el refugio y eché a andar suavemente hacia aquel espacio de muertos. Caminé de un lado para otro, pero no logré encontrar la tumba de mi amada. Avancé con los brazos extendidos, chocando contra las tumbas con mis manos, mis pies, mis rodillas, mi pecho, incluso con mi cabeza, sin conseguir encontrarla. Anduve a tientas como un ciego buscando su camino. Palpé las lápidas, las cruces, las verjas de hierro, las coronas de metal y las coronas de flores marchitas. Leí los nombres con mis dedos pasándolos por encima de las letras. ¡Qué noche! ¡Qué noche! ¡Y no pude encontrarla!

No había luna. ¡Qué noche! Estaba asustado, terriblemente asustado, en aquellos angostos senderos entre dos hileras de tumbas. ¡Tumbas! ¡Tumbas! ¡Tumbas! ¡Sólo tumbas! A mi derecha, a la izquierda, delante de mí, a mi alrededor, en todas partes había tumbas. Me senté en una de ellas, ya que no podía seguir andando. Mis rodillas empezaron a doblarse. ¡Pude oír los latidos de mi corazón! Y oí algo más. ¿Qué? Un ruido confuso, indefinible. ¿Estaba el ruido en mi cabeza, en la impenetrable noche, o debajo de la misteriosa tierra, la tierra sembrada de cadáveres humanos? Miré a mi alrededor, pero no puedo decir cuánto tiempo permanecí allí. Estaba paralizado de terror, helado de espanto, dispuesto a morir.

Súbitamente, tuve la impresión de que la losa de mármol sobre la cual estaba sentado se estaba moviendo. Se estaba moviendo, desde luego, como si alguien tratara de levantarla. Di un salto que me llevó hasta una tumba vecina, y vi, sí, vi claramente cómo se levantaba la losa sobre la cual estaba sentado. Luego apareció el muerto, un esqueleto desnudo, empujando la losa desde abajo con su encorvada espalda. Lo vi claramente, a pesar de que la noche estaba oscura. En la cruz pude leer:

“Aquí yace Jacques Olivant, que murió a la edad de cincuenta y un años. Amó a su familia, fue bueno y honrado y murió en la gracia de Dios”.

El muerto leyó también lo que había escrito en la lápida. Luego cogió una piedra del sendero, una piedra pequeña y puntiaguda, y empezó a rascar las letras con sumo cuidado. Las borró lentamente, y con las cuencas de sus ojos contempló el lugar donde habían estado grabadas. A continuación, con la punta del hueso de lo que había sido su dedo índice, escribió en letras luminosas, como las líneas que los chiquillos trazan en las paredes con una piedra de fósforo:

“Aquí yace Jacques Olivant, que murió a la edad de cincuenta y un años. Mató a su padre a disgustos, porque deseaba heredar su fortuna; torturó a su esposa, atormentó a sus hijos, engañó a sus vecinos, robó todo lo que pudo y murió en pecado mortal”.

Cuando terminó de escribir, el muerto se quedó inmóvil, contemplando su obra. Al mirar a mi alrededor vi que todas las tumbas estaban abiertas, que todos los muertos habían salido de ellas y que todos habían borrado las líneas que sus parientes habían grabado en las lápidas, sustituyéndolas por la verdad. Y vi que todos habían sido atormentadores de sus vecinos, maliciosos, deshonestos, hipócritas, embusteros, ruines, calumniadores, envidiosos; que habían robado, engañado, y habían cometido los peores delitos; aquellos buenos padres, aquellas fieles esposas, aquellos hijos devotos, aquellas hijas castas, aquellos honrados comerciantes, aquellos hombres y mujeres que fueron llamados irreprochables. Todos ellos estaban escribiendo al mismo tiempo la verdad, la terrible y sagrada verdad, la cual todo el mundo ignoraba, o fingía ignorar, mientras estaban vivos.

Pensé que también ella había escrito algo en su tumba. Y ahora, corriendo sin miedo entre los ataúdes medio abiertos, entre los cadáveres y esqueletos, fui hacia ella, convencido de que la encontraría inmediatamente. La reconocí al instante sin ver su rostro, el cual estaba cubierto por un velo negro; y en la cruz de mármol donde poco antes había leído:

“Amó, fue amada y murió”.

Ahora leí:

“Habiendo salido un día de lluvia para engañar a su amante, enfermó de pulmonía y murió”.

Parece que me encontraron al romper el día, tendido sobre la tumba, sin conocimiento.

 

ACTIVIDADES DE COMPRENSIÓN LECTORA:

1. ¿Quién es el protagonista de este cuento? ¿Cómo es su personalidad? Explica tu respuesta.

2. En: "La enfermera dijo: «¡Ah!» ¡y yo comprendí! ¡Y yo entendí!", ese "Ah", ¿a qué hace referencia? ¿Por qué?

3. ¿Por qué el protagonista al regresar a su habitación en París quiso arrojarse a la calle?

4. ¿Qué era lo que deseaba el protagonista en el cementerio?

5. ¿Qué sentimientos experimenta el protagonista en su recorrido por el cementerio?

6. A qué reflexión te lleva el siguiente fragmento: "¡Y para todas estas generaciones de los muertos, para todos los muertos que nos han precedido, aquí no hay apenas nada, apenas nada! La tierra se los lleva, y el olvido los borra. ¡Adiós!". Justifica tu reflexión.

7. ¿Qué empezaron a hacer los muertos con sus lápidas? ¿Qué significa ello? Explica.

8. ¿Cuál es el secreto que se revela al final del cuento?

9. Este cuento tiene un corte fantástico. Responde: ¿Qué elemento fantástico o sobrenatural aparece en el cuento? ¿Qué significado puede tener ese elemento? Explica tu respuesta.

10. Si hubiera una palabra clave que sintetice este cuento, ¿cuál sería? ¿Por qué? Justifica tu respuesta.

lunes, 9 de mayo de 2022

CÓMO REDACTAR UN REPORTAJE 📝✍

 

CÓMO REDACTAR UN REPORTAJE

CÓMO REDACTAR UN REPORTAJE

VIDEO SOBRE EL TEMA:


El reportaje es un texto expositivo en el que se plasma el resultado de una INVESTIGACIÓN sobre un TEMA o PROBLEMA de la realidad. En este artículo aprenderemos de manera sencilla, los pasos para redactar un reportaje. Comencemos:

 

¿CÓMO REDACTAR UN REPORTAJE?

Como ya hemos visto en la definición, todo reportaje nace de la investigación sobre un tema o problema. El objetivo es investigar las causas y consecuencias del mismo, buscando información relevante al respecto.

Para redactar un reportaje, se recomienda seguir la siguiente estructura:

 

ESTRUCTURA DE UN REPORTAJE:

TÍTULO: Es el encabezado de nuestro reportaje. Se recomienda que el título conecte con el tema o problema central de nuestro reportaje.

INTRODUCCIÓN: Se presenta el tema a tratar, ofreciendo información sobre el mismo.

DESARROLLO:  Se profundiza en el tema. Para ello es necesaria la INVESTIGACIÓN. Se suelen usar:

-Citas.

-Entrevistas.

-Datos estadísticos.

-Opiniones de expertos.

Esta información, proveniente de nuestra investigación, es crucial para redactar nuestro reportaje, ya que es la que sustenta las causas y consecuencias del problema expuesto en dicho reportaje.

Nuestra investigación nos debe llevar a una:

c) CONCLUSIÓN O CIERRE: En esta parte se ofrece un breve resumen de lo expuesto y se plantea:

-Una posible solución al problema.

-Una reflexión final sobre el tema.

-Una argumentación o sentencia final.

 

Para entender mejor cómo redactar un reportaje, leamos el siguiente ejemplo y analicemos al final su estructura y contenido. Leamos:

 

 

Ejemplo de reportaje:
EDUCACIÓN EN CUIDADOS INTENSIVOS

educación virtual

La pandemia trajo grandes retos a nuestro país. Ha desnudado la gran cantidad de falencias tanto sanitarias, económicas y sociales en general. Personas, de la noche a la mañana, se enfermaban y luchaban por una cama de hospital, por un balón de oxígeno o perdían sus trabajos e intentaban sobrevivir. Es obvio que la economía nacional se vio afectada por esta pandemia. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) solo en el 2020 la economía cayó un 11 % y las restricciones sanitarias como las cuarentenas agravaron esta situación, ya que en nuestro país la gran fuerza productiva es de carácter informal.

Pero no solo la economía fue afectada. La educación en nuestro país también tuvo un severo golpe. El ya de por sí precario sistema educativo tuvo que detenerse por la pandemia y miles de niños tuvieron que mantenerse encerrados en casa. Nunca existieron verdaderas estrategias de contingencia que hagan frente a esta situación. Recién después de algún tiempo, el Ministerio de Educación presentó una estrategia virtual denominada “Aprendo en casa” con el fin de mitigar el problema de la no presencialidad. No obstante, esto trajo a colación otro gran problema que el país arrastra desde décadas: la brecha digital.

Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) únicamente el 40.1 % de los hogares peruanos tiene Internet y a esto debe agregarse que, de este grupo, hay un gran porcentaje de personas cuya conectividad es deficiente o no cuentan con los equipos necesarios para recibir una educación virtual de calidad.

Javier Arroyo, cofundador de Smartick, un método online para aprender matemáticas, asegura que: “Ni los colegios, profesores o familias estaban preparados. No lo tenían integrado a su proyecto pedagógico. Varios jóvenes estudiantes se vieron perjudicados”. Como podemos ver, no existió jamás un verdadero esfuerzo por garantizar posibles alternativas educativas ante una crisis como la que estamos viviendo.

Padres que se convirtieron en docentes, docentes que tuvieron que aprender sobre la marcha programas y métodos acordes con la virtualidad; estudiantes que tuvieron que aprender a aprender o de lleno, abandonar sus estudios por la crisis económica que causó la pandemia. Esto último es corroborado por los datos de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO), al segundo trimestre de 2020, en donde se indica que el 75.2 % de escolares que abandonan la educación básica regular lo hacen por problemas económicos.

Aunque el Ministerio de Educación ha hechoesfuerzos para cerrar la brecha digital a través de la entrega de tablets con los recursos necesarios para garantizar la educación a distancia, esto resulta insuficiente en un país donde las brechas no solo se cierran con el acceso a internet, sino que requieren de una serie de medidas educativas que protejan el derecho a la educación de los niños y jóvenes.

En suma, la pandemia ha golpeado nuestro ya alicaído sistema educativo, no obstante, ha develado la necesidad de movilizarnos por una educación que busque ser de calidad y para todos. Aunque en algún tiempo las clases volverán a la presencialidad es necesario entender que la educación requiere mejorar no solo los colegios o el servicio educativo, sino también las condiciones socioeconómicas de las regiones más golpeadas por la pandemia, para generar mejores escenarios que posibiliten que los niños se dediquen a estudiar y no tengan que abandonar el colegio para trabajar. Allí está el gran reto.

Escrito por: Paolo Astorga

 

Como hemos podido leer y observar, este reportaje posee:

UN TÍTULO: Que nos indica de manera general el tema o problema que se va a abordar. En este caso el problema de la educación en pandemia.

 

INTRODUCCIÓN: Dar un contexto, escribir los antecedentes al problema o definir el problema a tratar. En el caso del texto se da un contexto previo a la exposición del tema.

 

DESARROLLO: Aquí se aborda el problema. En el caso del texto leído se aborda los problemas que trajo consigo la pandemia a la educación de nuestro país y cómo hemos intentado salvar esa situación.

 

CONCLUSIÓN O CIERRE: Se hace hincapié de generar una movilización por mejorar la educación con calidad e igualdad, así como mejorar las condiciones socioeconómicas de las regiones más vulnerables de nuestro país para así crear condiciones favorables para la educación.

 

En suma, para redactar un reportaje debemos tener en cuenta lo siguiente:

Un problema o tema a abordar.

Realizar una investigación de las causas y consecuencias de dicho tema o problema.

Recabar información relevante que sustente nuestra postura: datos estadísticos como encuestas, citas de expertos, ejemplos, estudios relacionados con el problema tratado, entrevistas, etc.

Nuestra conclusión puede reafirmar nuestro punto de vista, pero también puede ofrecer una posible solución al problema.

 

De esta manera nuestro reportaje será significativo y comunicará efectivamente nuestro punto de vista sobre un problema de la realidad.

 

 

RECURSO: INFOGRAFÍA SOBRE CÓMO REDACTAR UN REPORTAJE:

infografía sobre reportaje

Paolo Astorga
Profesor de Lengua y Literatura


martes, 26 de abril de 2022

Cuento "Ladrón de sábado" de Gabriel García Márquez con actividades de comprensión lectora

 

Ladrón de sábado

Gabriel García Márquez


Hugo, un ladrón que sólo roba los fines de semana, entra en una casa un sábado por la noche. Ana, la dueña, una treintañera guapa e insomne empedernida, lo descubre in fraganti. Amenazada con la pistola, la mujer le entrega todas las joyas y cosas de valor, y le pide que no se acerque a Pauli, su niña de tres años. Sin embargo, la niña lo ve, y él la conquista con algunos trucos de magia. Hugo piensa: «¿Por qué irse tan pronto, si se está tan bien aquí?» Podría quedarse todo el fin de semana y gozar plenamente la situación, pues el marido -lo sabe porque los ha espiado- no regresa de su viaje de negocios hasta el domingo en la noche. El ladrón no lo piensa mucho: se pone los pantalones del señor de la casa y le pide a Ana que cocine para él, que saque el vino de la cava y que ponga algo de música para cenar, porque sin música no puede vivir.

A Ana, preocupada por Pauli, mientras prepara la cena se le ocurre algo para sacar al tipo de su casa. Pero no puede hacer gran cosa porque Hugo cortó los cables del teléfono, la casa está muy alejada, es de noche y nadie va a llegar. Ana decide poner una pastilla para dormir en la copa de Hugo. Durante la cena, el ladrón, que entre semana es velador de un banco, descubre que Ana es la conductora de su programa favorito de radio, el programa de música popular que oye todas las noches, sin falta. Hugo es su gran admirador y mientras escuchan al gran Benny cantando Cómo fue en un casete, hablan sobre música y músicos. Ana se arrepiente de dormirlo pues Hugo se comporta tranquilamente y no tiene intenciones de lastimarla ni violentarla, pero ya es tarde porque el somnífero ya está en la copa y el ladrón la bebe toda muy contento. Sin embargo, ha habido una equivocación, y quien ha tomado la copa con la pastilla es ella. Ana se queda dormida en un dos por tres.

A la mañana siguiente Ana despierta completamente vestida y muy bien tapada con una cobija, en su recámara. En el jardín, Hugo y Pauli juegan, ya que han terminado de hacer el desayuno. Ana se sorprende de lo bien que se llevan. Además, le encanta cómo cocina ese ladrón que, a fin de cuentas, es bastante atractivo. Ana empieza a sentir una extraña felicidad.

En esos momentos una amiga pasa para invitarla a comer. Hugo se pone nervioso pero Ana inventa que la niña está enferma y la despide de inmediato. Así los tres se quedan juntitos en casa a disfrutar del domingo. Hugo repara las ventanas y el teléfono que descompuso la noche anterior, mientras silba. Ana se entera de que él baila muy bien el danzón, baile que a ella le encanta pero que nunca puede practicar con nadie. Él le propone que bailen una pieza y se acoplan de tal manera que bailan hasta ya entrada la tarde. Pauli los observa, aplaude y, finalmente se queda dormida. Rendidos, terminan tirados en un sillón de la sala.

Para entonces ya se les fue el santo al cielo, pues es hora de que el marido regrese. Aunque Ana se resiste, Hugo le devuelve casi todo lo que había robado, le da algunos consejos para que no se metan en su casa los ladrones, y se despide de las dos mujeres con no poca tristeza. Ana lo mira alejarse. Hugo está por desaparecer y ella lo llama a voces. Cuando regresa le dice, mirándole muy fijo a los ojos, que el próximo fin de semana su esposo va a volver a salir de viaje. El ladrón de sábado se va feliz, bailando por las calles del barrio, mientras anochece.

 

 

ACTIVIDADES DE COMPRENSIÓN LECTORA:

 

PREGUNTAS DE OPCIÓN MÚLTIPLE:

 

1. Básicamente, el texto da cuenta de cómo un Ladrón

A) descubre que no es un verdadero ladrón en robo rutinario de fin de semana.

B) cambia de estilo de vida a consecuencia de encontrar a una mujer vulnerable.

C) se gana el afecto y cariño de una mujer y su hija sin llegar a proponérselo de antemano.

D) usurpa alevosamente el papel de esposo en una familia que atravesaba una etapa de crisis.

 

2. En el texto, la expresión “se les fue el santo al cielo” alude al término de

A) un momento de disgusto.

B) una ilusión insensata.

C) un conato de infidelidad.

D) un momento de felicidad.

 

3. Resulta falso con respecto a lo narrado sostener que Hugo

A) en un primer momento infundió un gran recelo en Ana.

B) simuló estar comprometido con el afecto de Ana y su hija.

C) renunció a la pretensión de quedarse con las joyas de Ana.

D) compartía con Ana el gusto por la música popular.

 

4. Se infiere que para Ana la llegada del ladrón a su vida le permitió comprender que

A) no todos los ladrones roban los sábados

B) no llevaba una buena relación con su hija.

C) su esposo era un ser muy importante

D) no se sentía muy feliz con su esposo.

 

5. Si Hugo hubiese tenido como único objetivo llevarse las cosas de valor de Ana,

A) ella no se habría confundido al intentar dormirlo con la pastilla.

B) el marido de ella habría renunciado a sus viajes de negocio.

C) ella no habría tenido ningún interés en volverlo a ver.

D) al ser descubierto habría abandonado inmediatamente la casa de ella.

 

PREGUNTA DE INFERENCIA Y VALORACIÓN:

1. ¿Qué es lo más llama la atención en este cuento? ¿Por qué?

2. ¿Por qué Hugo llega a congeniar con Ana y Pauli?

3. ¿Cuál es el problema real que expone el cuento? Explica.

4. ¿A qué hace referencia la frase: “extraña felicidad”? Explica tu respuesta.

5. ¿Qué relación hay entre el título “Ladrón de sábado” y el contenido del cuento?

6. ¿Crees que una situación como la del cuento se puede dar en la vida real? Explica tu respuesta.

7. ¿Cuál crees que fue la verdadera intención del autor al escribir este cuento?

8. ¿Con qué palabra o frase calificarías este cuento? Argumenta tu valoración.

 

ACTIVIDAD CREATIVA:

1. Crea un cuento que relate un hecho poco común o insólito (como el cuento que hemos leído). No olvides ser creativo y original.

domingo, 24 de abril de 2022

Fragmento de "La metamorfosis" de Franz Kafka con actividades de comprensión lectora

 

La metamorfosis

(fragmento)

Franz Kafka


Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos.

«¿Qué me ha ocurrido?», pensó.

No era un sueño. Su habitación, una auténtica habitación humana, si bien algo pequeña, permanecía tranquila entre las cuatro paredes harto conocidas. Por encima de la mesa, sobre la que se encontraba extendido un muestrario de paños desempaquetados -Samsa era viajante de comercio-, estaba colgado aquel cuadro que hacía poco había recortado de una revista y había colocado en un bonito marco dorado. Representaba a una dama ataviada con un sombrero y una boa de piel, que estaba allí, sentada muy erguida y levantaba hacia el observador un pesado manguito de piel, en el cual había desaparecido su antebrazo.

La mirada de Gregorio se dirigió después hacia la ventana, y el tiempo lluvioso -se oían caer gotas de lluvia sobre la chapa del alféizar de la ventana- lo ponía muy melancólico.

«¿Qué pasaría -pensó- si durmiese un poco más y olvidase todas las locuras?»

Pero esto era algo absolutamente imposible, porque estaba acostumbrado a dormir del lado derecho, pero en su estado actual no podía ponerse de ese lado. Aunque se lanzase con mucha fuerza hacia el lado derecho, una y otra vez se volvía a balancear sobre la espalda. Lo intentó cien veces, cerraba los ojos para no tener que ver las patas que pataleaban, y sólo cejaba en su empeño cuando comenzaba a notar en el costado un dolor leve y sordo que antes nunca había sentido.

«¡Dios mío! -pensó-. ¡Qué profesión tan dura he elegido! Un día sí y otro también de viaje. Los esfuerzos profesionales son mucho mayores que en el mismo almacén de la ciudad, y además se me ha endosado este ajetreo de viajar, el estar al tanto de los empalmes de tren, la comida mala y a deshora, una relación humana constantemente cambiante, nunca duradera, que jamás llega a ser cordial. ¡Que se vaya todo al diablo!»

Sintió sobre el vientre un leve picor, con la espalda se deslizó lentamente más cerca de la cabecera de la cama para poder levantar mejor la cabeza; se encontró con que la parte que le picaba estaba totalmente cubierta por unos pequeños puntos blancos, que no sabía a qué se debían, y quiso palpar esa parte con una pata, pero inmediatamente la retiró, porque el roce le producía escalofríos.

Se deslizó de nuevo a su posición inicial.

«Esto de levantarse pronto -pensó- hace a uno desvariar. El hombre tiene que dormir. Otros viajantes viven como pachás. Si yo, por ejemplo, a lo largo de la mañana vuelvo a la pensión para pasar a limpio los pedidos que he conseguido, estos señores todavía están sentados tomando el desayuno. Eso podría intentar yo con mi jefe, pero en ese momento iría a parar a la calle. Quién sabe, por lo demás, si no sería lo mejor para mí. Si no tuviera que dominarme por mis padres, ya me habría despedido hace tiempo, me habría presentado ante el jefe y le habría dicho mi opinión con toda mi alma. ¡Se habría caído de la mesa! Sí que es una extraña costumbre la de sentarse sobre la mesa y, desde esa altura, hablar hacia abajo con el empleado que, además, por culpa de la sordera del jefe, tiene que acercarse mucho. Bueno, la esperanza todavía no está perdida del todo; si alguna vez tengo el dinero suficiente para pagar las deudas que mis padres tienen con él -puedo tardar todavía entre cinco y seis años- lo hago con toda seguridad. Entonces habrá llegado el gran momento; ahora, por lo pronto, tengo que levantarme porque el tren sale a las cinco», y miró hacia el despertador que hacía tic tac sobre el armario.

«¡Dios del cielo!», pensó.

Eran las seis y media y las manecillas seguían tranquilamente hacia delante, ya había pasado incluso la media, eran ya casi las menos cuarto. «¿Es que no habría sonado el despertador?» Desde la cama se veía que estaba correctamente puesto a las cuatro, seguro que también había sonado. Sí, pero… ¿era posible seguir durmiendo tan tranquilo con ese ruido que hacía temblar los muebles? Bueno, tampoco había dormido tranquilo, pero quizá tanto más profundamente.

¿Qué iba a hacer ahora? El siguiente tren salía a las siete, para cogerlo tendría que haberse dado una prisa loca, el muestrario todavía no estaba empaquetado, y él mismo no se encontraba especialmente espabilado y ágil; e incluso si consiguiese coger el tren, no se podía evitar una reprimenda del jefe, porque el mozo de los recados habría esperado en el tren de las cinco y ya hacía tiempo que habría dado parte de su descuido. Era un esclavo del jefe, sin agallas ni juicio. ¿Qué pasaría si dijese que estaba enfermo? Pero esto sería sumamente desagradable y sospechoso, porque Gregorio no había estado enfermo ni una sola vez durante los cinco años de servicio. Seguramente aparecería el jefe con el médico del seguro, haría reproches a sus padres por tener un hijo tan vago y se salvaría de todas las objeciones remitiéndose al médico del seguro, para el que sólo existen hombres totalmente sanos, pero con horror al trabajo. ¿Y es que en este caso no tendría un poco de razón? Gregorio, a excepción de una somnolencia realmente superfluo después del largo sueño, se encontraba bastante bien e incluso tenía mucha hambre.

Mientras reflexionaba sobre todo esto con gran rapidez, sin poderse decidir a abandonar la cama -en este mismo instante el despertador daba las siete menos cuarto-, llamaron cautelosamente a la puerta que estaba a la cabecera de su cama.

-Gregorio -dijeron (era la madre)-, son las siete menos cuarto. ¿No ibas a salir de viaje?

¡Qué dulce voz! Gregorio se asustó, en cambio, al contestar. Escuchó una voz que, evidentemente, era la suya, pero en la cual, como desde lo más profundo, se mezclaba un doloroso e incontenible chillido, que en el primer momento dejaba salir las palabras con claridad para, al prolongarse el sonido, destrozarlas de tal forma que no se sabía si se había oído bien. Gregorio querría haber contestado detalladamente y explicarlo todo, pero en estas circunstancias se limitó a decir:

-Sí, sí, gracias madre, ya me levanto.

 

 

ACTIVIDADES DE COMPRENSIÓN LECTORA:

 

1. ¿Por qué Gregorio no podía dormir?

A.    Estaba acostumbrado a trabajar sin descanso.

B.    Su jefe no le permitía ninguna indisciplina.

C.    Su actual estado no le permitía acostarse sobre el lado derecho.

D.   Vivía atormentado por las deudas de sus padres.

E.    Era un esclavo de su deber.

 

2. ¿Quién considera que todas las personas están sanas y sólo sufren del horror del trabajo?

A.    Su madre.         

B.    El mozo del almacén.

C.    El jefe.

D.   El médico.         

E.    Su padre.

 

3. La descripción que hace el narrador del cuarto de Gregorio, nos permite no solamente

saber cómo es un rincón de la casa sino también:

A.    Una estampa recientemente recortada.

B.    Una mujer con garra de piedra.

C.    Un sueño pesado.

D.   El estado de ánimo del personaje.

E.    La ventana nublada.

 

4. Marca la respuesta que exprese mejor la reacción de Samsa al verse convertido en insecto.

A.    Siente horror y desesperación ante lo ocurrido.

B.    Le es indiferente todo lo que le ocurre.

C.    Piensa sólo en su jefe y en sus viajes.

D.   Fastidio al ver que el reloj marca las siete de la mañana.

E.    Se siente incómodo, pues cree que lo acusarán de holgazán.

 

5. Del texto podemos deducir que Gregorio:

A.    Necesita unas vacaciones en la playa.

B.    Quería un poco de consideración en su trabajo.

C.    Sentía una picazón en el vientre.

D.   No le gustaba oír su propia voz.

E.    Odiaba comer en los paraderos de los trenes.

 

6. Un hecho que debilitaría el argumento del médico sería:

A.    Los hombres son felices cada fin de mes.

B.    Gregorio es feliz viajando en tren.

C.    No todos los hombres son ociosos.          

D.   El médico nunca ha trabajado.

E.    El trabajo puede producir más placer que malestar.


7. Según la narración, ¿qué lo ponía melancólico a Gregorio?

8. ¿Por qué la actitud de Gregorio es un tanto absurda e irracional?

9. ¿Qué piensas de la actitud de Gregorio en este fragmento?

10. ¿Por qué Gregorio acepta con cierta naturalidad su nueva condición de insecto?

 

ACTIVIDAD CREATIVA:

1. Crea un cuento breve donde el protagonista se convierta de la noche a la mañana sufra una transformación (se convierta en un insecto, monstruo, objeto, etc.). No olvides ser creativo y original.