domingo, 20 de septiembre de 2015

"Los bosques del silencio" de Jaime Osvaldo Bernales Abarca - Paolo Astorga

Los bosques del silencio


Los bosques del silencio
Jaime Osvaldo Bernales Abarca
(Edición de Autor, 2013)


“Uno de los puntos discursivos más importantes de este libro está en la ironía como medio de denuncia contra una sociedad que se ha diluido en las apariencias de felicidad y estabilidad, pero que en ese escape, en ese paliativo existencial del consumo y el hedonismo la tiranía del dominante continúa.


Escrito por: Paolo Astorga


Los bosques del silencio (Edición de Autor, 2013), del poeta chileno Jaime Osvaldo Bernales Abarca (La Calera, Chile, 1950), nos presenta desde sus primeros versos nos muestra la desolación y la destrucción como un signo ineludible. El poeta se ha convertido en una especie de testigo de la destrucción, de la sordidez. Esto lo podemos ver de forma patente en el poema que abre el libro llamado “Yo camino”. Leamos un fragmento:

Yo camino entre brújulas destrozadas,
timones destrozados,
manubrios destrozados,
puntos cardinales destrozados,
sentimientos destrozados.
Yo camino sin rumbo, extraviado
entre ires y venires.

Como vemos el libro parte de una especie de apocalipsis donde la destrucción es el presente, pero también la posibilidad para “reconstruirnos” a partir de nuestras cenizas. La solidaridad que convoca, que intenta una unión fraternal ante el dolor de las pérdidas, ante la irracionalidad.

Aquí estoy, abrazando fraternalmente
a los marginados de esta sociedad
que no entiendo:
abrazo a las lesbianas y a los homosexuales,
abrazo a las mujeres que han abortado,
abrazo a las madres solteras,
abrazo a los cesantes,
abrazo a las parteras,
abrazo a los muchachos que no estudian ni trabajan,
abrazo a los indigentes que hacen largas filas en los hospitales,
abrazo a los que viven a orillas de los ríos.
Abrazo al suicida y le digo al oído:
hermano mío, hermano mío. Y dos
lágrimas solitarias, mías, besan
sus mejillas moribundas.
Abrazo a las prostitutas,
abrazo a los sidosos,
abrazo a los que han abofeteado a los jefes,
abrazo a los que han quemado las banderas,
abrazo a los que bailan mientras escuchan la Canción Nacional,
abrazo a los que rompen fronteras,
abrazo a los que escupen a los uniformados.

El yo poético intenta una expresividad desde la necesidad de poblarlo todo, de generar en el hombre moderno un nuevo acercamiento de retorno. Allí, frente a esa aplastante realidad donde lo banal, lo superficial reducen al pensamiento a los sentimientos a ser simples objetos de consumo, el poeta se rebela ante lo establecido con su canto unificador. Uno de los puntos discursivos más importantes de este libro está en la ironía como medio de denuncia contra una sociedad que se ha diluido en las apariencias de felicidad y estabilidad, pero que en ese escape, en ese paliativo existencial del consumo y el hedonismo, la tiranía del dominante continúa:

Eufóricas
hiperkinéticas y tumultuosas.
Mojadas, húmedas, extasiadas.
¡Yeah! ¡Yeah! ¡Yeah!
Sin embargo, en mi Patria Grande,
seguimos encadenados
a la tiranía incontrolada.

El poemario está estructurado para mostrarnos dos realidades: Por un lado la miseria y la violencia que genera la incomunicación y, por otro, la toma de conciencia respecto a esta sociedad que borda la locura, la insustancialidad, el deseo de destruir todos los asideros y volverse un imperio de lo inútil. Un ejemplo de lucha es el poema “Pertenezco” en donde la voz poética se enfrenta a ese mundo donde “pertenecer” supone algo tan imposible y hasta estúpido, sin embargo sentirse ligado a una causa, tener la responsabilidad de ser más allá del simple simular, hacen que el discurso nos arroje, con ironía, un mensaje de perseverancia frente a la muerte de todos los ideales:

Pertenezco a la generación perdida:
a la generación de los huérfanos,
de los vagabundos,
de los solitarios,
de los que chutean piedras en las esquinas,
de los que aspiran noprén,
de los que fuman yerba.
(…)
Pertenezco a la generación de los que se hundieron en la selva,
de los que se extraviaron en la montaña,
Colombia,
Venezuela,
Bolivia,
Brasil,
Guatemala,
Uruguay.
Pertenezco a la generación perdida,
a todas las generaciones perdidas.
Pertenezco.

Quizás dentro del repertorio que compone este poemario el que condensa toda la poética del mismo es el interesante poema: “Arrepentido”, poema que pone de manifiesto esa crítica constante a nuestra vida vacía y estúpida donde lo más importante es inventarse escusas para no afrontar los problemas más esenciales de nuestra propia existencia:

Estoy arrepentido,
asustado y triste por haber atentado
contra mi vida, es decir, hablo de suicidio.
Digo esto por una razón simple:
de haberlo conseguido
no habría podido beber nunca más Coca – Cola
o vivir en un Mundo de Fantasía como Bliz y Pap
o mostrar mi sonrisa Pep.
Recién ahora valoro, en toda su dimensión,
a la existencia.

Las visiones que muchas veces tenemos del mundo están puestas sobre objetos insignificantes, pero que para nosotros en nuestra angustia existencial, se convierten en trascendentales. La muerte aquí como un discurso que también ha perdido significancia se nos muestra no como un estado de total inexistencia, sino solo como un medio espectacular para mostrar nuestras heridas que nosotros mismos, como suicidas idiotas, nos hemos infligido.


En suma, Los bosques del silencio, es un libro diáfano y a la vez rudo, donde la búsqueda suprema termina siendo siempre la libertad que hoy por hoy es solo una fantasmagoría, una mentira, que ha hecho del hombre, no un ser consciente de su actuar, sino solo un cúmulo de miedos y deseos frustrados que vaga como un fantasma asombrado por las excitantes nimiedades del mundo.

martes, 4 de agosto de 2015

"Los tripulantes del Líricus" de José Siles Gonzáles - Paolo Astorga

Los tripulantes del Líricus

Los tripulantes del Líricus
José Siles Gonzáles
(Ediciones Devenir, 2014)


“El poeta es el cantor de las aventuras y desventuras en el mar. A bordo de un barco llamado Líricus esta travesía poética nos enfrentará contra nuestros propios sueños, contra la adversidad de lo posible.


Escrito por: Paolo Astorga


Los tripulantes del Líricus (Ediciones Devenir, 2014) del poeta español José Siles Gonzáles (Cartagena, 1957) es un viaje poético por la vida misma. El poeta es el cantor de las aventuras y desventuras en el mar. A bordo de un barco llamado Líricus esta travesía poética nos enfrentará contra nuestros propios sueños, contra la adversidad de lo posible. El Líricus es el símbolo de la posibilidad en tanto se muestra no solo como un navío, sino como una herramienta para construir una historia. El poeta lo sabe y por eso canta  la belleza de saber que la aventura es constante. Esto es patente en el poema “A bordo del Líricus”:

A BORDO DEL LÍRICUS

A bordo del Líricus
has hecho visibles tus sentimientos
a tu tripulación...,
en todos los idiomas.
A bordo del Líricus
has arribado a tantos puertos
como culturas dicen los filisteos
que, a pesar del deslizamiento ingrávido de los tiempos,
siguen poblando la tierra.
A bordo del Líricus
has escrito poemas atiborrados
de pescuezo y alcohol de   puta portuaria,
ese gremio de diosas encalladas
en los adoquines más afligidos
del muelle,
y de las que bebiste
el licor de salitre añejo.
A bordo del Líricus
has desnudado tal cúmulo de recuerdos,
has arribado a tantos puertos,
has escrito poemas tan atiborrados
de sentimientos, puertos y arias;
que ningún hermeneuta de la academia
osa urdir etiquetas
en las que encasillar la ira
que te inspira.
la clasificación de tu existencia navegante,
La ordenación de tus cuitas,
dada la múltiple pleura de sus aires
extracontinentales,
transmarinos,
interoceánicos y...,
sobre todo múltiples;
les causa un pavor antiguo para el que
no hay antídoto.
Mientras, siempre mientras,
tus dudas,
a bordo del Líricus,
se ahogan en mil mares
orinados por un ejército indisciplinado
de héroes incontinentes.

Y es que el hombre desde tiempos inmemoriales ha deseado la aventura como un medio para alcanzar la inmortalidad. Darle un sentido a la vida a través de la acción, de la experiencia, eso es lo que nos hace humanos. Los tripulantes del Líricus  lo saben por ello cantan, testimonian, plasman sus alegrías y penas en estos poemas. El heroísmo en este caso, no es el vencer, el conquistar, sino la perseverancia de continuar de aún conservar el fuego de la valentía por explorar lo ignoto. Veamos:

ESPÍRITU DE DRAKE APARECIÉNDOSE AL GIRAR CABO DE HORNOS

Ayer, cuando bebías
tu último whisky a bordo,
te vinieron tantas cosas a la cabeza,
sin ir más lejos:
El día que el destino te  enclavó
en el Líricus con tu
petate al hombro,
sin ir más lejos.
Ayer, cuando bebías
tu último whisky a bordo,
un archipiélago de rememoraciones
te hizo revivir los cientos de navegaciones
que aún no has enterrado
..., del todo:
travesías marinas que
te provocan una distinguida melancolía
que se alimenta de tu casi exclusiva
...soledad.
Pero ningún fantasma del pasado te estremece
tanto como:
tus  aterradores viajes a Cabo de Hornos,
ida y vuelta,
surcando la travesía del maligno  Drake.
En esas rutas, en las que el diablo
aparece travestido de pirata
y cohabitan dos océanos,
no resultaba imprescindible beber
para tocar el infierno con la punta
del alma ...esa perdida,
y vislumbrar la figura del viejo
Drake maldiciendo..., y
volviendo a maldecir,
mientras la proa del Líricus parecía
hundirse para la eternidad...
por unos instantes que rozaban la infinitud,
tras la cual,
siempre volvía a emerger.
Y el Líricus seguía avanzando,
dando cabezadas en aquel mar endemoniado
por los espíritus malditos de
aquella maligna y fiel tripulación,
racimo de santos dipsómanos,
que siguió al disipado Drake hasta el final
en Cabo de Hornos.
Ayer, cuando bebías
tu último whisky a bordo,
temblabas al recordar los temporales
vencidos por el Líricus,
ese navio invicto hasta
en la mismísima Tierra del Fuego.

Es cierto: el gran combate es contra el olvido. Este libro nos deja marca, ese signo visible: Luchar contra la nada, contra la insignificancia, es una actividad diaria, esencial. La memoria debe preservarse y difundirse, la vida misma es solo vida cuando la experiencia vital se ha construido, se ha preservado. Sin embargo, la melancolía, la soledad y un aire de derrota es aquello que destruye los sueños, el deseo por eternizarse, por hacer de la aventura una constante infinita. La vida misma es entonces ese patrón que puebla todo este libro. La energía: un sueño, un deseo por querer ser, por darle un sentido a nuestra existencia:

TIERRA A LA VISTA: EL FINAL DEL PERIPLO

Llegado al límite
de la existencia,
encuéntrase el fin de uno mismo
sin un sentido dibujado al milímetro,
sin dejar de lado la duda,
sin saber...tal vez, si ha merecido la pena.
Llegado el ser al destino
de un viaje sin retorno,
se divisa un brillo huérfano
sin madre ni luz,
sin columna vertebradora,
sin resplandores memorables
.. .que merezcan la pena.
Llegado el río a la mar,
tumba líquida de todos los ríos
donde se mojan las pantorrillas los muertos,
donde se baila al son de caracolas removidas por el oleaje,
donde se diluye la ira de los dioses
y la porquería de los mortales.
Llegado el ocaso al último latido,
donde el Sol daba fe de la existencia del día
...y la luz,
donde el cénit acaba, por invadirlo todo
y sumir su conquista en la penumbra,
donde se reza en cada esquina al santo
y se le enciende  la vela más negra;
se cae del nido el único huevo puesto colectivamente
la última noche
por todos los buhos,
no abstemios,
del cementerio marino.


En suma, Los tripulantes del Líricus, es un poemario intenso y de poemas de largo aliento donde la musicalidad y las imágenes nos hacen reflexionar sobre nuestra propia esencia humana. Muy influenciado por Kavafis, el poeta nos muestra a su original modo un motivo para reconocernos en esa travesía incierta pero que se parece mucho a nosotros. La vida, entonces, es mar, un mar inmenso que tiene la forma de nuestros sueños.

"Violetas de sangre bajo la tierra" de Óscar Malvicio - Paolo Astorga

Violetas de sangre bajo la tierra

Violetas de sangre bajo la tierra
Óscar Malvicio
(Editorial Poesía eres tú, 2011)


“El poeta sabe que su canto es denuncia, pero también es testigo de la inercia de la época, de la indiferencia a la que se enfrenta contra la angustia por querer construir un asidero, una convicción para la vida moderna que nos colma de sueños con precio y fecha de caducidad.


Escrito por: Paolo Astorga


Violetas de sangre bajo la tierra (Editorial Poesía eres tú, 2011) del poeta español Óscar Malvicio (Gerona, 1975) es un libro desenfadado y desencantado donde el lirismo se centra en lo cotidiano como espacio reflexivo y a la vez como símbolo de las tensiones humanas. El poeta reconoce su finitud, su insignificancia en la medida en que reconoce una realidad absurda y obtusa que aliena y desmorona. El mundo es superficial, insustancial, allí donde la insatisfacción aflora, la inacción evita todo sueño de emancipación. El poeta sabe que su canto es denuncia, pero también es testigo de la inercia de la época, de la indiferencia a la que se enfrenta contra la angustia por querer construir un asidero, una convicción para la vida moderna que nos colma de sueños con precio y fecha de caducidad. Es este el discurso de Óscar, el mostrarnos desde sus versos la disolución de los anhelos y propósitos por el fetiche del confort:

Sueño

Sueño con una manada de lobos
que devoran pedazos
de mi cuerpo envenenado
y luego mueren retorciéndose
como tripas entre aullidos mudos.

Sueño con gusanos
que vomitan pedazos de mi cuerpo
impregnados de tinta indeleble,
o imborrable, como se diga,

gusanos azules empachados
que aun así
se retuercen en su dolor
intentando encontrarme,
intentando encontrar a mi pobre alma
en la oscuridad fracasada
de este universo portátil.

Sueño con ídolos de barro muertos
que piden a gritos mi letal estallido,

aún es pronto, les digo,

mientras,

sueño con helados de fresa
con tacones de aguja negros
y sueño con Venecias
y Cristianías renacentistas.

Sueño con el último eclipse
y con mi triunfo arrasador
sobre la perversa comedia de los hombres.

Sueño con una noche azulada
en la que mi dolor se evapora
mientras sueño,
y sale de mí
como una niebla ascendente
hacia el cielo

y se disipa poco a poco,
y
al final
desaparece

y duermo por fin
a pierna
suelta.

La necesidad de expresar, de decir, son constantes en este libro. Con ironía y un cierto humor el poeta desnuda la hipocresía de los mitos y acusa esa modernidad que ha llegado al límite de lo irracional, de lo automático, de la necesidad de convivir con el hábito que ha cambiado el deseo de ser libre, de permitir la duda emancipadora, por el deber de ser uno más de la masa:

Principio y fin

Igual que el rayo de luz incide
en el vientre de la certeza
cual sable vengador
y arremete en lo más inhóspito
de sus entrañas,
revolviéndolas,
tratando de extirpar algo de corazón,

busco yo el inicio menguante de esa luz,
el principio desnudo vital,
la chispa que parió al rayo,

el porqué del error,
o del acierto,

el porqué del origen del principio
y el origen del porqué
del final.

Devoro mi propia existencia
con un cuchillo romo de carne
y un tenedor borracho
y la digestión eterna y enfermiza
que me ofrece la muerte
con su nudo en mi garganta.

He creado 4 estómagos
y ni siquiera ellos alcanzan a digerir
todas las incógnitas
que mi cerebro crea.

Y encima,
tengo que ir a trabajar,
tengo que ir al banco,
regar las plantas,
cocinar, beber, follar
y dar señales de vida
a todos los que me rodean,

no sé cómo coño he tenido tiempo
de escribir este poema.

Como vemos este libro nos muestra con un estilo confesional situaciones que aunque parezcan intrascendentes son reflexiones válidas sobre un mundo que se desmorona en sus instantes, en el éxtasis de lo presente. El poemario entero es un certero disparo contra el hombre que ha encontrado la felicidad en la inmovilidad, en la seguridad de sentirse pleno coleccionando objetos, coleccionando emblemas aparentes que, al fin y al cabo, solo han acrecentado su secreta náusea, su melancolía y el aplastamiento:

Dirección

Arrancaré hoy lo que pueda
de las tripas polvorientas de la noche,

de esta noche de negro vinilo,

hasta que ya no pueda más,

hasta que la conciencia
me diga de nuevo
qué debo hacer,

o qué es lo que no debo,
o ¡qué he hecho!
¿o no?.

Creo que sí...

¿conciencia o consciencia?...

no lo sé
ya.

En definitiva, Violetas de sangre bajo la tierra, es un poemario sarcástico donde cada verso desnuda las imposturas ególatras que hay detrás de la hipocresía. Su sencillez y versatilidad radican en el manejo de las imágenes cotidianas y el discurso denunciante contra todo ánimo de pensamiento determinista y unívoco. Este es un canto a lo subjetivo, al deseo de saber que existe el individuo más allá de los ceros y unos, de la rutina de los días, del dolor de la misma existencia.

"La rosa negra" de Harol Gastelú Palomino - Paolo Astorga

La rosa negra

La rosa negra
Harol Gastelú Palomino
(Editorial Ámbar, 2015)


“Los relatos de Harol intentan escapar del tedio sumergiéndose en la misteriosa magia de lo cotidiano. Asistimos, pues, a una contemplación de lo fantástico como una forma de escape, pero también como una develación de nuestros propios anhelos.


Escrito por: Paolo Astorga


La rosa negra (Editorial Ámbar, 2015) del escritor peruano Harol Gastelú Palomino (Huancavelica, 1968) nos ofrece siete cuentos cuya temática común son los desdoblamientos. Las narraciones manejadas con un lenguaje directo y ameno, nos demuestran la solvencia narrativa de Harol cuando se trata de enhebrar ficciones. “La rosa negra”, cuento que le da nombre al conjunto de historias, es un ejemplo de ello. El cuento gira en torno a la costumbre de “visitar a los muertos” al cementerio. El protagonista se encuentra con una muchacha que le está llevando flores a su tío abuelo muerto. La narración cobrará un giro inesperado cuando asistamos al primer desdoblamiento. El protagonista, será el difunto al que tanto se busca.

En “El otro” -quizás el cuento mejor logrado del conjunto-, el juego de los desdoblamientos se ve de manera más patente. Aquí la teoría de los “gemelos” se presenta como “el otro yo”. El protagonista vive una vida de perros, desentendida de la ternura del pasado. Por ello, encuentra a su otro yo y lo usurpa, ya que éste vive una vida diametralmente distinta a la de él. La trama se desarrolla como una transformación, como una simbiosis, una desesperada fórmula para ser ¿feliz?: “Hoy vivo feliz. Mi mujer está esperando nuestro primer hijo, o el tercero, porque ahora yo soy él”.

Y es que estos relatos buscan eso: ser la proyección de nuestras fantasías, la realidad reproduciendo su necesaria revelación. Los relatos de Harol intentan escapar del tedio sumergiéndose en la misteriosa magia de lo cotidiano. Asistimos, pues, a una contemplación de lo fantástico como una forma de escape, pero también como una develación de nuestros propios anhelos. Abrimos el pecho a la realidad para encontrarnos con nosotros mismos. Es esta la tendencia en “Sirenas”, historia donde los protagonistas construyen el mito con sus propias ensoñaciones y que luego la realidad se les abre para disfrutar de sus fantásticas visiones. Las sirenas son la proyección de nuestros deseos y por ello, nuestra tendencia a la fusión.

Pero quizás la parte más moral del conjunto sea “Examen final” donde la narración va in crescendo. El escenario: la clase de música, un examen final. Fabiola, que no ha practicado la lectura del pentagrama para tocar su flauta, empieza un viaje psicológico (filosófico) en constante tensión. La metáfora de la lucha entre David y Goliat, entre el héroe (Fabiola) y el Dragón (Harol) son interminables. No obstante, es magistral la narración que nos deja ver nuevamente la teoría de los desdoblamientos. Fabiola cree que su profesor es terriblemente malvado (lo es) e intenta rememorar al alter ego del mismo (Lobito, un profesor permisivo e indiferente). Un juego psicológico y moral se desata a lo largo de la narración hasta la culminación del martirio. Fabiola debe tocar, oh ironías, El himno de la alegría. Sin embargo, ella reconoce que no ha estudiado. Para su suerte el profesor la trata diferente, la ayuda a calmarse, le enseña a tocar y ella se da cuenta de que “por gusto se había preocupado”.

En suma, los cuentos de La rosa negra nos ofrecen la visión de un mundo misterioso y contradictorio. El juego con la realidad hasta poder doblegarla es el logro supremo de este conjunto de relatos. Todos los personajes sufren sus deseos y eso los desdobla, los hace otro yo. Sin duda, un libro ágil y de fácil lectura que termina por dejarnos un hálito reflexivo: La vida es siempre multiplicidad.

domingo, 26 de julio de 2015

"La coneja surrealista" de Daniel Maguiña - Paolo Astorga

La coneja surrealista

La coneja surrealista
Daniel Maguiña
(Ediciones Altazor, 2015)


“La idea de magia es una idea animista, allí donde el movimiento es ternura y violencia, es color y magisterio de la imagen, Maguiña esboza su mensaje: La sensualidad que se imprime en el cuerpo que toma múltiples matices, que es, a fin de cuentas, un lienzo para decir la vida misma, el universo entero.


Escrito por: Paolo Astorga


La coneja surrealista (Ediciones Altazor, 2015) del poeta peruano Daniel Maguiña (Lima, 1984) configuran una poética fantástica donde las imágenes se enuncian desde tres elementos centrales: La fantasía, vista como un contemplar rescritural; la construcción de símbolos que conceptualicen el discurso (La coneja surrealista, el gato ludópata, etc.) y el erotismo como movimiento creador. El poeta construye un discurso donde los espacios cotidianos se transforman en un gran patio de juegos, en una infinita posibilidad para la expresividad. La idea de magia es una idea animista, allí donde el movimiento es ternura y violencia, es color y magisterio de la imagen, Maguiña esboza su mensaje: La sensualidad que se imprime en el cuerpo que toma múltiples matices, que es, a fin de cuentas, un lienzo para decir la vida misma, el universo entero:


INVENTARIO
“Porque ácido ribonucleico somos
pero ácido ribonucleico enamorado siempre”
Blanca Varela

NUNCA VI UNA CONEJA SURREALISTA, menos cubista o abstracta, tampoco a lo Mondrian y menos a lo Kandinsky. Más bien creo que tus orejas tienen un aire a girasol de Van Gogh, pintadas de prisa como de­cía Gauguin. Tu cola pom pom es una travesura del dibujante, tus ojos chinos par de saltamontes, mon­dadientes van saltando a tu ritmo cogiendo las acei­tunas.
¿Y qué me dices de Piqueras? Tu ropa puede ser así, con formas geométricas. También he pensa­do dibujarte un sillón Sócrates "solo para conejos" para tener cerca a Vitito Humareda. Creo que es­tamos claros en que todo tu pecho es un Miró y tus pies y tus besos de periquito son la vanguardia del Che, eso ni dudarlo.
Te he puesto unas surreales bisagras para el movimiento Picasso, es ahí donde te sale lo cubista, en el movimiento.


El surrealismo es lo multisígnico, la posibilidad irracional de lo sugerente. La realidad, en este intenso libro, siempre son fragmentos desperdigados, disparadores del ensueño. Podemos observar que una imagen o un movimiento (el movimiento amoroso de un beso) pueden llevarnos a constituir un universo, hacer de las palabras un decir que intenta fusionar lo cotidiano con lo fantástico: La vida misma como un gran rompecabezas que se actualiza, que cobra nuevos brillos, nuevos matices:


La luna se cayó al mar y rebotó
como rebotan las mejores lunas.

Nos besamos, como dos personajes de Campanella en la puerta de tu casa, con tus ojos caramelo Monterrico de madrugada y con niebla.
He sentido cómo se reinterpreta el surrealismo en tus labios, la forma cómo se suspende un atleta cósmico de tus cabellos, la complejidad de un sim­ple movimiento.


Pero hay algo de lo que el poeta no puede escapar: El amor. Este sentimiento universal es Eros y un interminable darse. La magia nuevamente es un estado que realza la realidad, un medio para levantar de los escombros de lo habitual a la belleza de la multiplicidad. Poemas como “Coneja Zen” es fiel reflejo de ese deseo del poeta por negar lo cotidiano y asumir la postura universal de la trascendencia:

CONEJA ZEN

AHORA TE HAS HECHO CONEJA ZEN O TE VAS A VOLVER.
Serás como una flor con orejas de conejo, ca­minando con un equilibrio de malabarista, entre el fuego y la nieve.
Repasando a Matsuo Basho, te sentirás una garza sobre el lomo de un hipocampo, debajo de una gota de agua o encima de un ave montada de pronto, a vuelo, con un enorme sentido de elocuencia y dirás como quien no quiere, que la posición de los planetas y los lunares es tan necesaria como la posición Za Zen.
Y te digo que te amo con o sin el Zen, las leyes de mi amor nada tienen que ver con el control de tus impulsos. Creo más en la lógica de la pasión, en todo caso, la que nos vuelve animales sutiles, aquella lógica que me hace verte así de coneja, con tu esencia y tus trivialidades.
Zen o no Zen.

Y sin embargo, el libro nos deja su huella amorosa. El amor es una constante transformación, un encontrarse, un anhelo de fusión. El poeta juega a ser otro, a crear la fantasía del movimiento perpetuo. El secreto de estos poemas está en el ocultamiento y en el mostrar a la vez. Pero sobre todo, el poeta, intenta ser como un chamán, que anima (o reanima) un mundo depredado por lo unívoco, por el orden de lo habitual. La naturaleza es, pues, vitalidad para la realización del amor. Poemas como “Mujer Árbol” dan fe de ello:

MUJER ÁRBOL

A menudo, la mujer es un frondoso árbol de olivo, su vientre y sus manos se conectan a la tierra. Da ga­nas de pasear con una mujer frondosa, con la copa llena de aleros y teatinas. Ir de su mano por el ca­mino de cemento pulido, mirar las casas antiguas donde seguro hay canarios leyendo el periódico de domingo. Tomarla de la cintura debe ser una sen­sación comparable a la de coger aceitunas de una nube cirro. Qué ganas además de llevarla a mirar el mar, dejar posar sus pies un poco más allá de la arena. Sus pies llenos de hojas verdosas y caducas.

El erotismo en este libro es un trabajo quirúrgico. Las palabras no deben solo decirse, sino deben ser el medio para la excitación de los sentidos. Cada palabra debe ser vida o no ser nada. El poeta lo sabe y por eso al construir sus metáforas no solo dota de un sentido carnal a sus poemas, sino que intenta una bifurcación hacia la naturaleza (oh, diosa fecunda de significaciones), para convertir el acto amoroso, en un acto universal.


“Los ojos lamen el temblor de los senos”
Poemas simplistas, ALBERTO HIDALGO

TE BESÉ LOS PEZONES con una sabiduría dulce, con un botecito rodando por tus tetas, tu cuerpo estaba invadido de veleros en marea baja con vientos en aceleración. Te toco con paciencia, con detalle, con disciplina.

Te hice el amor con todo el mar dentro de ti.


Hay algo más. La tendencia de dibujar es la creación de las imágenes del todo. El poeta siempre quiere ser el todo, lo absoluto. Porque la vida es el perfeccionamiento de la mirada, la colección de las figuras y sobre todo el vencer la realidad que nos imprime su melancolía, su dictadura de grises y pixeles sin significados. El poeta es, antes que todo, un visionario, un perfeccionista de las contemplaciones:

FIJACIÓN

Es el sonido, la fuerza de gravedad contra el piso. Todo empieza por los pies, el color de sus uñas, el compás que lleva una pisada con otra. Empieza por un sonido dependiendo de la distancia, la frecuencia de los pasos sobre otros se escucha nítido cuando alguien se va despacio.
Es preciso empezar por los pies, adornarlo con velas y carabelas, estar dispuesto a caminar sobre un barquito y dejarlo todo. Hay zapatos de taco alto, de taco bajo, zapatos que me producen zapatos. No tiene que ver con quien los use, puede usarlos un grillo como una garza o un paraguas y se escucharía igual. Los zapatos son femeninos y esto es impor­tante, hablo de pies, sin un cuerpo, sin pronósticos de lluvia, sin excesos.
Y es que debe haber algo más profundo que solo una fijación de formas y mecanismos y torsio­nes de pies solitarios. Debe ser psicológico, involun­tario, como un hipo, un taco acercándose a la boca. Un zapato tiene movimientos autónomos o al menos eso es lo que pienso.
Mi fijación es más profunda. Debería recordar las últimas veces que vi zapatos, que los escuché, recordar los momentos exactos, y es que un zapato es casi como un reloj si lo sentimos mecánicamente. Debería hacer memoria, enumerar por orden crono­lógico, alfabético y hasta por orden de llegada.
Zapatos que sobrevuelan salas y comedores, que atraviesan los bares, que bailan en las profundidades. Zapatos de coral. De maquillaje, de cartera, zapatos que no hagan otra cosa que sonidos.

Y es que este libro reafirma la vida entre colores, entre imágenes, entre viñetas de un mundo indiferente. La vida es siempre la posibilidad de crear. Es una tendencia dadora, es una actualización de los inicios. Eternos Big Bang y, por supuesto, una nueva historia. El poeta entonces vuelve a volcar sus imágenes sobre esa mujer amada que es su medio de trascendencia, pero esta vez la referencia es distinta. El Eros ha cumplido con multiplicar el amor, con acrecentar el misterio y la magia. Una mujer embarazada es la santidad de lo perfecto, la fusión absoluta.

I
BOTERIANA

UNA EMBARAZADA puede ser un lindo invento de Bote­ro, la madriguera de los hombres que se proyectan a ser hipocampos, el lugar donde comienzan las ga­laxias. Sugiero a los hombres imitar a los hipocam­pos, a cada uno volver a sus respectivos úteros para no generar decepciones.
Cuando una embarazada pasa por la calle, no es solo ella la que está pasando, pasan todas las mujeres hasta las que antecedieron, las abuelas de las abuelas. Es preciso hacer reverencias ante una mujer que tiene el futuro de los hipocampos en el vientre y no solo eso, también es preciso elevarlas a categoría de santas milagrosas y hasta mártires.
Botero se lució si fue él quien le dio forma a las embarazadas y si no, habría que buscar a quien se le ocurrió la gracia.


¿Y qué decir de la ciudad? Para el poeta es lienzo. No decir lo mismo. La ciudad es un cuadro para intervenir, es un gran cuerpo enfermo al que se debe revivir. Objetos tan simples y casi imperceptibles al ojo posmoderno que viaja a mil kilómetros por hora, al cuerpo que se ha encariñado con sus prótesis, a las palabras que buscan la técnica antes que al ser, son transformados bajo el manto mágico del poeta que nos muestra una visión diferente de Lima. Porque esta ciudad “Es el mejor lugar para estrellarse de un orgasmo con la realidad.”

LIMA

EN LIMA HAY EDIFICIOS construidos con hojas secas, puentes que sobrevuelan la Costa Verde hechos con alas de insectos matutinos. Se construyen escaleras sobre las nubes, donde se ha invadido hasta el límite último. Las viviendas multifamiliares han sido arrancadas con violencia de las macetas. El órgano sexual de la ciudad pasa temporadas invernales junto al malecón, junto a los ciclistas y paseantes. Es el mejor lugar para estrellarse de un orgasmo con la realidad.

En suma, La coneja surrealista es un libro intenso y diferente. Su deseo por ser conceptual y sobre todo el buen manejo de los dibujos y los poemas perfeccionan las significaciones. Este es un libro para soñar, un libro para intentar reproducirse como escaleras infinitas que van hacia el infinito de las imágenes. El poeta ha pensado en el juego como la posibilidad para dejar una huella vital en la frialdad de lo ya dicho. Poesía fresca y tierna, intensa e ingeniosa es la que se podrá encontrar en este viaje geométrico, en este intento de paraíso, en este testamento de vida que el poeta nos invita a recorrer con las alas de Ícaro, con la sensualidad del que anhela un auténtico escape hacia su propia realidad.